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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

El Reino de los Cielos es como una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces

 

< Mateo 13, 47-52 >

«Es también semejante el reino de los cielos a una red barrendera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte, y llena, la sacan sobre la playa, y sentándose, recogen los peces buenos en canastos, y los malos los tiran. Así será a la consumación del mundo; saldrán los ángeles y separarán a los malos de los justos, y los arrojarán al horno de fuego; allí habrá llanto y crujir de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Respondiéronle: Sí. Y les dijo: Así, todo escriba instruido en la doctrina del reino de los cielos es como el amo de la casa, que de su tesoro saca lo nuevo y lo añejo».



En el pasaje de las Escrituras de hoy, nuestro Señor siguió hablando del Reino de los Cielos. El Señor dijo: «Es también semejante el reino de los cielos a una red barrendera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte» (Mateo 13, 47). Nuestro Señor dijo que el Reino de los Cielos es como una red. La red se refiere a la Iglesia de Dios.

¿Por qué dijo Dios que Su Iglesia es como una red que se echa al mar? Lo dijo porque a través de la Iglesia de Dios se cultiva el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo y las almas se salvan de sus pecados. Dios ha plantado la semilla del Evangelio del agua y el Espíritu en este mundo a través de Su Iglesia, para que toda la humanidad entre en Su Reino. Por eso habló del Cielo haciendo una analogía con echar una red al mar.

Nuestro Señor dijo que es la Iglesia de Dios la que separa a lo peces que se han atrapado con la red del Evangelio del agua y el Espíritu, juntando los buenos en canastas y tirando los malos. También dijo que enviaría a Sus ángeles al final del mundo ara separar a los malos de los justo y juzgarlos. Por eso dijo que los peces malos serían desechados. Las almas abandonadas por Dios llorarán y harán crujir sus dientes en el infierno.

El Reino de Dios se construye mediante el Evangelio del agua y el Espíritu que está siendo proclamado alrededor de todo el mundo. Nuestro Señor ha echado la red, por el bien de la salvación de las almas, por todo el mundo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, y está esperando; los que atrape con esta red se salvarán. Las almas pueden salvarse de sus pecados al escuchar la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu a través de la Iglesia de Dios. Nuestro Señor también nos dice que separará el trigo de las arvejas de entre los que están dentro de la Iglesia, y enviará a los buenos al Reino de Dios y al infierno a los malos.



El Evangelio del agua y el Espíritu sembrado en los cuatro campos del corazón del hombre

La lectura de las Escrituras de hoy viene de las parábolas de Mateo 13. Nuestro Señor termina una serie de parábolas con este pasaje. Como todas las parábolas de Mateo 13 están relacionadas entre sí, me gustaría revisar la parábola del sembrador.

Nuestro Señor dijo en Mateo 13, 18-23: «Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador. A quien oye la palabra del reino y no la entiende, viene el maligno y le arrebata lo que había sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado en terreno pedregoso es el que oye la palabra y desde luego la recibe con alegría; pero no tiene raíces en sí mismo, sino que es voluble, y en cuanto se levanta una tormenta o persecución a causa de la palabra, al instante se escandaliza. Lo sembrado entre espinas es el que oye la palabra; pero los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda sin dar fruto. Lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y da fruto, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

Nuestro Señor nos habló de cuatro campos: el primer campo es el borde del camino, el segundo campo es el camino pedregoso, el tercer campo es el camino espinoso, y el cuarto es el campo bueno.

El primero, el borde del camino, se refiere a los que sólo viven vidas religiosas. Para aquellos que creen en cualquier religión, o los que creen en el cristianismo como cualquier otra religión del mundo, aunque la semilla del Evangelio del agua y el Espíritu, que les permite entrar en el Reino de los Cielos, sea sembrada, no la entienden y Satanás viene y se lleva la semilla.

El segundo campo es el pedregoso, y Jesús dice que el que escucha la Palabra y la recibe con alegría, pero como no tiene raíz en sí mismo, sólo resiste un momento; cuando la tribulación o la persecución surgen por causa de la Palabra, tropieza inmediatamente. Tropieza porque no hay tierra donde pueda echar raíces. Ante Dios, quien escuche Su Palabra del poder del Evangelio del agua y el Espíritu debe darse cuenta de que esta Palabra es la Verdad esencial de la remisión de los pecados, y debe aceptarla en su corazón. Sin embargo, si uno acepta el Evangelio verdadero, es posible que no eche raíces y muera al final. Esto significa que su corazón no estaba totalmente de acuerdo con la Palabra de Dios.

¿Qué es la raíz? Es la Palabra de Dios. Para hablarnos del Evangelio del agua y el Espíritu, Dios tiene que hablarnos primero de nuestros pecados. Y también nos habló de la condena del pecado. Aunque algunos no creyeron en toda Su Palabra, cuando tenían que creer en ella con todo su corazón.

Debemos darnos cuenta de que toda la Palabra de Dios se nos dio a nosotros, y que cuando escuchamos lo que nos quiere decir; debemos aferrarnos a ella con fe y creer. Sólo entonces podremos recibir la remisión de los pecados en nuestros corazones. Incluso después de recibir la remisión de los pecados, nuestras insuficiencias siguen latentes, y en estos momentos debemos darnos cuenta de que: «Aunque soy insuficiente, el Señor me ha salvado de mis debilidades y mis pecados», y debemos tener fe en la Palabra de Dios—sólo así nuestra fe no perecerá.

El segundo campo mencionado en el pasaje se refiere a los que se enfrentan a Dios, y en los que la Palabra de Dios no puede entrar como consecuencia. Sólo escucharon la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu y no aceptaron las lecciones de la Palabra de Dios. En otras palabras, creyeron en el Evangelio del agua y el Espíritu sólo religiosamente. Por tanto, se negaron a creer en la Palabra de Dios y como no creyeron plenamente en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, murieron en espíritu. Como la tierra no era profunda, no pudieron echar raíces, así que tuvieron que enfrentarse a las consecuencias del pecado. Al final, cuando conocieron el Evangelio del agua y el Espíritu, perecieron de todas formas, porque no admitieron tener corazones malos.

Por tanto es crucias que reconozcamos la Palabra de Dios después de haber conocido el Evangelio del agua y el Espíritu. La Palabra de Dios es como la raíz de una planta y sólo cuando nos aferramos a la Palabra de Dios y ponemos nuestra fe en ella podemos vivir y no morir. Este tipo de fe nos permite alcanzar la vida.

A no ser que tengamos fe en la Palabra de Dios en nuestros corazones, viviríamos nuestras vidas de fe sólo a medias, y al final, nos convertiríamos en meros practicantes de la religión y pereceríamos. Esta gente sin fe cree en Jesús sólo como un tipo de doctrina cristiana, y van a la iglesia sólo como una formalidad, sin fe genuina en Dios. El resultado, por tanto, es que van a la iglesia con su propia justicia, sólo para alardear de su rectitud y afirmar: «Soy así de maravilloso e inteligente».

No podemos escuchar este Evangelio del agua y el Espíritu de ningún sitio sino es de la Iglesia de Dios. Pero, debemos recordar que si no tenemos fe real cuando vamos a la iglesia que predica el Evangelio del agua y el Espíritu, al final moriremos. Así, debemos pensar y creer en la Palabra que escuchamos de la Iglesia de Dios.

La Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu es completamente diferente de las doctrinas inaprensibles del cristianismo de hoy en día.

Los que van a las iglesias mundanas, gritan el nombre del Señor en alto, hablando en lengua, y sólo piden bendiciones cuando rezan a Dios. Ellos también creen que si ayunan y son fieles a Dios, serán bendecidos, pero esto es una verdad esquiva. Se convierten en mayores y en diáconos sin el Evangelio del agua y el Espíritu. Su fe es exactamente contraria a la fe de los que creen en el Evangelio.

Sin embargo, nuestro Señor quiere dar la salvación a esta gente. El Señor quiso borrar nuestros pecados de parte de Dios y cumplió esta misión a través del Evangelio del agua y el Espíritu, nos trajo con alegría la salvación de Dios y el don de la fe, y nos ha dado toda Su misericordia, Sus bendiciones, Su amor y Su gracia. Al creer en Dios, no debemos ir a la iglesia sólo como una práctica religiosa, sino que debemos conocer la Verdad a través de nuestra fe en la Palabra de Dios.

Si vamos a la Iglesia de Dios, ¿qué pasaría si alardeásemos de nuestra propia rectitud, y no nos aferrásemos a la Palabra de Dios con nuestros corazones, y sucumbiéramos a la pereza en nuestras vidas de fe? Incluso si los justos no continúan aferrándose al Evangelio del agua y el Espíritu, sus corazones se quedarán vacíos. Por lo tanto, debemos venerar la Palabra de Dios, guardarla en nuestros corazones y aferrarnos a ella con nuestra fe, meditar sobre ella y creer en ella. Debemos correr hacia Dios con todo nuestro corazón mientras seguimos Su justicia y vivimos por Su Evangelio.

Si alguno de nosotros no se une con los siervos de Dios y Su Iglesia de todo corazón, su fe perecerá. Este mundo está dirigido por Satanás. Por tanto, por mucho que sepamos y creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu, si la Palabra de Dios no echa raíces en nuestros corazones, nuestras mentes se morirán de hambre, estarán sujetas al pecado y serán capturadas por falsas doctrinas hasta morir.

Nuestra fe no debe convertirse como el primer campo del borde del camino, ni como el segundo camino pedregoso, ni tampoco como el tercer camino de espinas. El tercero es el campo espinoso: «Lo sembrado entre espinas es el que oye la palabra; pero los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda sin dar fruto». Si alguien escucha la Palabra de Dios, pero es engañado por los problemas del mundo y las riquezas, es demasiado obvio que no dará ningún fruto. Si ponemos nuestro corazón en las cosas de este mundo, como bienes materiales, fama, el sexo opuesto, o el poder, estamos destinados a convertirnos en arveja. Recibir la remisión de los pecados creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu, y así tener la fe que nos permite entrar en el Reino de Dios, no es nada trivial que se pueda dejar a la merced de la tentación. De los cuatro campos de la parábola del sembrador, estos tres campos no pueden dar fruto.

Por tanto, debemos pensar en la gracia de salvación que Dios nos ha concedido y darle gracias; y es justo que sirvamos al Señor por esta razón y nos unamos a Él. Pero si, por el contrario, sólo nos importan las cosas materiales, sólo nos preocupamos de cómo podemos vivir bien en este mundo y cómo podemos divertirnos, al final nuestra fe morirá, aunque hayamos creído temporalmente en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu.

Nosotros también nos preocupamos por el mundo y las cosas materiales, aunque creamos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero esto no lo es todo para nosotros. Aunque sea verdad que no estamos libres de todo interés en los placeres del mundo, y que pertenecemos a este mundo, en nuestros corazones Dios es mucho más importante que todo esto. Él es nuestro Señor que nos da el don de las bendiciones: el don de la vida eterna, el don de la remisión de los pecados, y el don de la fe espiritual. Nos hace decentes en cuerpo y en espíritu con estas bendiciones abundantes.

Por tanto, es justo que queramos a este Dios más aún. Aunque seamos insuficientes, el Evangelio del agua y el Espíritu ha borrado nuestros pecados, y por eso nuestros corazones dan gracias a Dios. El Señor dice que cuando guardamos el Evangelio del agua y el Espíritu en nuestros corazones, nos aferramos y creemos en toda la Palabra de Dios, y seguimos al Señor seremos más que capaces de entrar en el Reino de Dios. Él también dice que así nos podemos convertirnos en gente de fe como Abraham, dar frutos espirituales en la tierra y convertirnos en hombres y mujeres excepcionales y respetados.



La Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu cubrirá todo el mundo

Nuestro Señor dijo: «Es también semejante el reino de los cielos a una red barrendera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte». El Reino de Dios es como una red. El Reino de Dios pertenece a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y este Reino de Dios ha echado una red en todo el mundo. En otras palabras, el mundo entero estará cubierto con el Evangelio del agua y el Espíritu. Y el Señor ha permitido que todo el mundo lo conozca. Es imposible que alguien escape esta red, el Evangelio del agua y el Espíritu.

Mucha gente ha escuchado el Evangelio del agua y el Espíritu, ya se lo hayan contado amigos, padres o hijos, a través de libros o de cualquier otra manera. Y el Señor dijo que vendría y vería los peces atrapados en la red, y poner en una canasta a los buenos y echar a los malos.

Y el Señor dijo: «Saldrán los ángeles y separarán a los malos de los justos, y los arrojarán al horno de fuego; allí habrá llanto y crujir de dientes». El Señor dijo que el Reino de Dios pertenece a los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, y que estos se convertirán en los discípulos de Jesucristo y predicarán el Evangelio por todo el mundo. Las respuestas de los que escuchan el Evangelio varían: algunos son atrapados, otros escapan y no quieren escuchar.

Pero al final, queda la tarea de separar los que han quedado atrapados en el Evangelio del agua y el Espíritu, cuando el Señor recoge a los buenos y los pone en canastas y tira a los malos. El Señor dijo que separaría a los malos de los justos. En otras palabras, incluso los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, hay justos e impíos.

¿Cómo es que hay justos e impíos entre la gente que ha aceptado el verdadero Evangelio? Cuando todos los pecados han sido borrados si la gente cree en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿cómo puede el Señor decir que entre ellos hay justos e impíos? Debemos prestar atención a esto y encontrar una respuesta.

Todos vamos a la iglesia de la misma manera y vivimos nuestra fe, pero algunos son calificados como impíos a los ojos de Dios. ¿Quiénes son los impíos? ¿Quiénes son los impíos en la Iglesia? Hay gente cuyos corazones son como el tercer campo de la parábola del sembrador. Son los que, a pesar de afirmar que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, son avariciosos y están más interesados en las cosas materiales, sólo se interesan por la riqueza de la carne, y no muestran ningún interés en difundir el Evangelio del agua y el Espíritu por todo el mundo ni en obedecer la voluntad de Dios. Aunque esta gente haya creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, no pueden dar fruto. A los ojos del Señor, son impíos, porque no han unido sus corazones con Sus obras mediante la fe.

Nuestro Señor dijo que no sólo se fija en nuestra apariencia física, sino en nuestros corazones. ¿Creemos en Dios con nuestros corazones, nos unimos a la Iglesia con nuestros corazones, y predicamos el Evangelio del agua y el Espíritu a todo el mundo con nuestros corazones? Esto es lo que busca el Señor. Cuando el Señor dijo que los peces atrapados en la red serían separados en buenos y malos, quiso decir que entre los que forman la Iglesia de Dios que predica el Evangelio del agua y el Espíritu, los justos y los impíos serían separados. Estos son el trigo y las arvejas.

¿Creen en el Evangelio del agua y el Espíritu con el corazón? ¿Admiten que el Señor no se complace con estos tres primeros campos, y que la semilla sembrada en esos campos nunca da fruto?

Los justos no pueden ser como esos campos, aunque sean débiles en la carne. ¿Cuál es el primer campo? ¿No es el borde del camino? Nosotros, los justos, no podemos creer en Jesús de la misma manera que los que tienen fe religiosa. ¿Seguimos el cristianismo como si siguiéramos una de las religiones del mundo como el budismo, el confucionismo, el taoísmo, o el hinduismo? No podemos hacerlo.

Nuestro Señor es el Cristo y el Hijo del Dios vivo. Jesucristo creó el universo, nos hizo a ustedes y a mí, y para librarnos de nuestros pecados, vino a este mundo, fue bautizado por Juan el Bautista, murió en la Cruz, y se levantó de entre los muertos. Así, nuestro Señor nos salvó de una vez por todas y se ha convertido en nuestro Salvador eterno.

Por tanto, ir a la Iglesia de Dios no es un asunto de práctica religiosa para nosotros, sino que es vivir nuestra fe. Debemos seguir con nuestra vida de fe. Como Dios es nuestro Salvador y Maestro, debemos reconocerle como nuestro Maestro. Es justo que creamos en Él y le sigamos. El Señor quiere que le sigamos con esta fe.

Cuando creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu y seguimos al Señor, a veces nos enfrentamos a problemas o a la persecución por causa de nuestra fe en la Palabra. Está escrito: «Y todos los que aspiran vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirán persecuciones» (2 Timoteo 3, 12). Por tanto, sólo podemos seguir al Señor cuando nos negamos a nosotros mismos. ¿Qué significa negarnos a nosotros mismos? Es negar las pasiones de la carne.

¿Es justo que sólo pensemos en nosotros mismos? No. Puede que no seamos héroes nacionales, pero debemos dedicar nuestras vidas a la obra justa. ¿Por qué recuerda la gente a los héroes nacionales y los respeta incluso después de muertos? Porque se hicieron responsables de sus tareas por el bien de su nación y su pueblo. Hicieron lo que hicieron por su nación y su pueblo, aunque sabían que serían atrapados, torturados y asesinados. Por eso les rendimos tributo como gente valiente que hizo lo correcto.

Al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, hemos recibido la remisión de nuestros pecados. Gracias a que el Señor ha borrado todos nuestros pecados a través del poder del Evangelio del agua y el Espíritu, estamos sin pecado por la fe. Como el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados al cargar con todos ellos, ser condenado por ellos, y al levantarse de entre los muertos, si creemos en este Evangelio y venimos a Su Iglesia, servir y seguir la obra justa de Dios es ser los peces buenos. Por supuesto, esto requiere nuestro sacrificio en todas las áreas de nuestra vida privada. Sin embargo, si alguien no une su corazón con los que sirven a Dios y al Evangelio, sino que les da la espalda, será abandonado por Dios, por muy fervientemente que profese creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso es un pez malo, un hombre impío.

El Señor se convirtió en la propiciación para todos nosotros. Al darnos el Evangelio del agua y el Espíritu, el Señor nos ha salvado de todos nuestros pecados. Nuestro Señor nos ama, nos ha dado todos Sus buenos dones, todavía nos ama y quiere seguir amándonos, y desea vivir con nosotros felices para siempre. Sólo nos pide: «¿No quieres convertirte en mis manos, mis ojos, y mis pies para difundir este Evangelio a otros mientras estás en la tierra?» ¿Cómo podemos negarnos a unirnos al Señor?

Sin embargo, hay gente que contesta así: «No quiero. ¿Crees que soy tonto? Lo sé todo. De acuerdo, creo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Estoy sin pecado, ¿no? Ya es suficiente; ¿por qué me pides que lo deje todo y viva por el Evangelio? ¿Crees que estoy tonto? ¿Por qué me molestas? Para. Te doy gracias por darme la remisión de los pecados, pero no esperes nada más de mí. ¡Eso es todo!»

Mis queridos hermanos, tener este corazón y hacer estas cosas es tener la fe que va contra Dios. Esta es la fe de los impíos que traicionan a Dios. Si creemos verdaderamente en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón, aunque nos gusten las cosas de la carne, y no queramos que se nos moleste mientras disfrutamos nuestras vidas privadas, nunca podremos hacer todo lo que queramos por culpa de nuestra terquedad. ¿Por qué? Porque el amor que hemos recibido es mucho más grande, y la salvación que nuestro Señor nos ha dado es magnífica y por eso nunca podríamos actuar así. Por muy impíos e inútiles que seamos, una vez conocemos la gracia de Dios, no podemos comportarnos así. Si un hombre no se acuerda de la gracia que se le ha concedido, es correcto decir que es menos que un perro.

Mis queridos hermanos, en el pasaje de las Escrituras de hoy, Jesús nos dice que separará a los impíos de los justos. Este es el aviso que finaliza esta serie de parábolas.

Él dijo que el Reino de los Cielos es como una red que se echa al mar. El Señor está difundiendo el Evangelio del agua y el Espíritu a lo largo de todo el mundo. Estoy seguro de que quien busca la Verdad encontrará el Evangelio del agua y el Espíritu, y muchas almas creerán en él. Pero, entre los que profesan creer en el verdadero Evangelio, muchos serán separados como los impíos y serán echados al fugo por culpa de sus incompletas vidas de fe.

El Señor dijo que recogería a los buenos en canastas. Él llevará a los auténticos creyentes, los que le obedecen y viven sus vidas de fe con acción de gracias, al Reino de los Cielos. El Evangelio del agua y el Espíritu que han escuchado es la Verdad que les permite recibir la remisión de los pecados. Su fe en esta Verdad puede ser débil en este momento, pero si realmente acuden a la Iglesia de Dios fielmente, no se pierden ninguna reunión, y escuchan la Palabra, podrán vivir llenos del Espíritu, creyendo en sus corazones. Si no encuentran la Iglesia de Dios es la vecindad, mantengan su fe alimentándose del alimento espiritual a través de los libros de nuestra página web. Oren a Dios para que les de una iglesia donde puedan compartir el Evangelio del agua y el Espíritu.

Mis queridos hermanos, está escrito en la Biblia: «Porque el apetito de la carne es muerte, pero el apetito del espíritu es vida y paz». (Romanos 8, 6). Incluso ahora mismo, muchos de ustedes preferirían quedarse en casa a ir a la iglesia. ¿No disfrutarían más si alquilaran una película mientras comen una pizza y una coca cola? No hay nadie que no conozca este tipo de placeres. En un sentido, la vida de fe que requiere que sacrifiquen estas cosas y se dediquen a los asuntos espirituales puede parecerles una estupidez. Si consideran que se basa en sus pensamientos carnales, puede que lleguen a esa conclusión.

Pero la vida de fe es seguir la Palabra de Dios como Abraham. Es seguir la Palabra escrita en la Biblia sin falta, porque es la verdad. Todo se cumplirá según la Palabra de Dios, no según nuestras expectaciones carnales, y por tanto es una sabia elección seguir la Palabra de Dios con fe. Mediante la fe podemos recibir la remisión de nuestros pecados, seguir al Señor, complacerle, recibir respuestas a nuestras oraciones creyendo en Su Palabra, ser bendecidos, convertirnos en obreros que hacen el trabajo espiritual del Cielo, y recibir las bendiciones de la fertilidad de la tierra.

Jesús dijo que el Reino de los Cielos es como una red que se echa al mar y atrapa peces de toda suerte. Él dijo que cuando esta red estaba llena, volvían a la orilla, se sentaban y recogían a los buenos en canastas y tiraban los malos.

¿Quiénes son los malos? Como he mencionado anteriormente, son los que siguen sólo las propias pasiones de su carne. Los peces malos son los que no creen sinceramente en el Evangelio del agua y el Espíritu con todos sus corazones, sino que creen en él a medias para limpiar sus conciencias, siguen sólo los placeres de la carne y viven para ella.

En todo el mundo, Dios ha echado la red llamada Evangelio del agua y el Espíritu, y está esperando a que los peces se queden atrapados en la red. Dicho de otra manera, quiere que todo el mundo reciba la remisión de los pecados al escuchar y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Por eso Dios está trabajando, y aún así, entre los que profesan creer, hay algunos que no tienen la fe verdadera. Serán juzgados. Incluso los que dicen creer, serán echados al fuego.

Es cierto que somos insuficientes, débiles, carnales y que tendemos a seguir las cosas del mundo. Esto se debe a que todavía estamos en la carne. Aunque esto es verdad, algunos se dedican a la obra justa de Dios. Es cierto que nuestro Dios nos ha dado Su Palabra de Verdad, y es también cierto, que al haber recibido la remisión de los pecados, debemos vivir nuestras vidas de fe confiando en la Palabra de Dios y siguiéndola. Sólo mediante la fe podemos hacer esta obra justa. Debemos vivir nuestras vidas de fe mirando hacia la Palabra escrita, gravándola en nuestro corazón y aferrándonos a ella. «Como has dicho que harías esto, Señor, creo que lo harás sin falta». Tener esta fe, mirar hacia la Palabra de Dios con fe, seguir Su Palabra y obedecerla con fe como Abraham, es la vida de fe. Sólo entonces podemos tener una gran fe tanto en el espíritu como en la mente, y podemos prosperar en la carne con la ayuda de Dios.

Nuestro Señor dice en Mateo 6: «Buscad, pues, primero, el reino y su justicia y todo eso se os dará por añadidura». Son los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu los que pueden hacer la obra justa de la que Dios nos habló. Cuando aceptamos el Evangelio que Dios nos ha confiado con nuestro corazón, crean que es justo que sirvamos a este Evangelio, y lo sirvamos y sigamos aún cuando seamos insuficientes, entonces el Señor añadirá más bendiciones a nuestros cuerpos y espíritus durante el resto de nuestras vidas. Cuando vivimos con fe, experimentaremos estas cosas.

Pero si intentamos vivir nuestras vidas carnales, todas las bendiciones en este mundo también se acabarán. Todo lo que esto conlleva es nuestros propios esfuerzos, sin la ayuda de Dios, ya sea directa o indirectamente. Sin embargo, si Dios se complace en nuestra fe, y así nos ayuda directa e indirectamente, todo lo que hagamos irá bien.

«Buscad, pues, primero, el reino y su justicia y todo eso se os dará por añadidura». El Señor dice: «Si realmente crees en el Evangelio del agua y el Espíritu con todo tu corazón, piensa primero en la expansión del Reino de Dios por todo el mundo, reza por él, únete a él y sírvelo. Entonces te ayudaré en cada paso que des el resto de tu vida. Si me sirves, te bendeciré».

Jesús dijo: «Lo que quieras que otros te hagan, házselo también a ellos, porque esta es la Ley y los Profetas». Si quieren ser amados y bendecidos por Dios, todo lo que tienen que hacer es creer en él y seguirle de todo corazón. Si hacen lo que complace al Señor con sus corazones, Él se ocupará de todo lo demás. Esta es la promesa de Dios. Por eso los métodos y los medios de la humanidad son innecesarios para Dios. Qué estúpido es exprimirnos el cerebro cuando nuestro coeficiente intelectual no tiene ni cuatro cifras.

Ante Dios, los trucos de la humanidad no son nada. En vez de intentar hacerlo todo según nuestras propias ideas, deberíamos creer en la Palabra de Dios y seguirla con fe. Si los siervos de Dios predican Su Palabra tal y como es, debemos seguirles con fe. Dios obra en nuestras vidas cuando creemos y seguimos Su Palabra. No debemos pensar que podemos servir a Dios con la justicia de la humanidad.

Ustedes y yo necesitamos fe en toda la Palabra de Dios y también las bendiciones abundantes de Dios todos los días de nuestra vida. Para satisfacer estas necesidades, debemos creer primero en la Palabra de Dios y vivir por el Evangelio. Ser bendecidos sin hacer esto no es posible. Si alguien dice que ha sido bendecido sin creer en el Señor, ni servirle, ni seguirle, esto quiere decir que Dios no se ha preocupado por él. Si alguien dentro de la Iglesia de Dios tiene una mente malvada y no ha servido a la Verdad del Evangelio, pronto dejará la Iglesia y morirá al final. Ser bendecido sin vivir con fe es una maldición.

Dios quiere que tengamos una relación con la gente de fe que cree en Su Palabra. Esto es la hermandad espiritual. Dios lo sabe todo. Por tanto, debemos creer con nuestro corazón el la Palabra de Dios y en las palabras que dicen Sus siervos, y en la medida de lo posible, nuestros corazones deben participar en Su obra justa y unirse por el bien del Evangelio. Estos corazones pueden tener oídos para entender la Palabra de Dios inmediatamente. Sus ojos espirituales están abiertos y su fe crece. La Biblia dice: «Luego la fe viene por la audición, y la audición, por la palabra de Cristo» (Romanos 10, 17). Cuando los siervos de Dios predican Su Palabra, sólo los que tienen los ojos espirituales abiertos aprenden de estos siervos. Y cuando esta gente tiene una relación de hermandad los unos con los otros, pueden aprender mucho de la fe de los otros. Ellos pueden presenciar cómo crece su fe a pasos agigantados. Esto es así.

Mientras sigo con mi vida de fe y camino con el Señor hasta este día, estoy agradecida por las veces en que he sentido la presencia del Señor y he tenido una relación de hermandad con Él. Para hablar de todo ello haría falta algo más que este libro. De hecho, hubieran hecho falta volúmenes y volúmenes. Así que les estoy contando lo que la Biblia dice de manera resumida. Ahora, quiero terminar este sermón concluyendo cómo deberíamos vivir nuestras vidas de fe, de lo que nos está avisando esta Palabra y lo que nos dice que creamos.

El Reino de los Cielos es el Reino de Dios. La red es el Evangelio del agua y el Espíritu que está siendo difundido por la Iglesia de Dios. Los peces son humanos. Los que creen en el verdadero Evangelio con sus corazones son los peces buenos, es decir, los justos. Pero los que no creen con sus corazones sino que sólo creen temporalmente, abandonan la Palabra de Dios y siguen sus deseos y pensamientos carnales, son los peces malos. Los primeros serán aceptados y entrarán en el Reino de los Cielos, pero estos serán tirados.

Jesús dice que esto es lo que pasará al final de los tiempos. Esto ocurrirá sin falta. Cuando lleguemos al final de nuestras vidas, pasaremos por este juicio. Todo el que vive en esta tierra se postrará ante el trono del juicio de Dios por lo menos una vez. Dios dijo que destruiría este mundo y construiría uno nuevo. Hace mucho tiempo, los dinosaurios vivían en la tierra, pero un día desaparecieron de repente, y un nuevo mundo empezó. Así, el Señor abrirá un nuevo mundo en el futuro. A través de Su Palabra escrita, nuestro Señor habla del Reino Milenario y del Reino de Dios que vendrá.

Mis queridos hermanos, la Biblia no sólo habla del Evangelio del agua y el Espíritu. Hay otros temas de los que habla la Biblia. Pero como la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu es la llave que abre la puerta del Reino de Dios, los predicadores deben predicar sin cesar esta Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu. Hay tantos asuntos en la Palabra de Dios de los que podría hablarles, pero si se los digo todos de una sola vez, ¿brotaría y crecería su fe? Es necesario que predique una cantidad adecuada para que puedan entenderla bien.

Ustedes, los santos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, serán perseguidos, burlados, y despreciados por la gente por causa de su fe. Pero si realmente creen, deberían dejar de lado estas burlas y persecuciones como el ladrido de un perro, y entonces los problemas a los que se enfrenten por causa de la Justicia de Dios se convertirán en su gozo. Si no lo creen así, no están aferrándose a la Palabra de Dios. Si alguien no se dedica a la obra de la justicia, si no se presenta ante la obra de Dios, y si se preocupa de lo que la gente del mundo piense de él, entonces no cree en la Palabra de Dios. Más bien, cree en las llamadas organizaciones «cristianas».

Está claro que esta gente pertenece a los peces malos que Dios tira. Si creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu de todo corazón y lo seguimos con nuestro corazón, y si primero buscamos el Reino de Dios y Su justicia a pesar de nuestras insuficiencias, no nos convertiremos en los peces malos. Sin embargo, si no creemos ni seguimos el verdadero Evangelio con nuestros corazones, y pensamos que la vida de fe en Su Iglesia es sólo algo que vivir con nuestras vidas carnales, cuando los últimos días vengan, Dios nos tratará como los peces malos.

Me preocupa que acaben como esta gente. En otras palabras, quiero que tengan fe y vivan por el Evangelio de Dios. Sólo la verdadera fe es aprobada por Dios. Si creemos fielmente con nuestros corazones, tarde o temprano nos convertiremos en cristianos fieles.

Aunque su carne sea demasiado insuficiente, les pido que nazcan de nuevo mediante el Evangelio del agua y el Espíritu en el centro de sus corazones, que sigan a Dios y sean guiados por el Pastor y le sigan en sus vidas. Cuando lo hagan, la Palabra de Dios llenará sus corazones y les permitirá crecer sin que se den cuenta, y descubrirán que se han convertido en gente de fe como Abraham.

Espero y rezo para que todos los siervos de Dios, santos y obreros se conviertan en el campo bueno entre los campos del corazón. Deseo que creen y sigan la Palabra de Dios con sus corazones. Y anhelo que Dios bendiga a los que quieran vivir esta vida espiritual y añada más fe a su fe.

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