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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

Al creer en el poder del Evangelio debemos entrar por la puerta estrecha


< Mateo 7:13-14 >
“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta es la senda que lleva a la vida, y cuán pocos son los que dan con ella!”


En el pasaje de las Escrituras de hoy, nuestro Señor nos ordenó que “entrásemos por la puerta estrecha”. ¿Qué es entonces está puerta estrecha por la que nos dice que entremos? Y ¿qué quiso decir con la puerta ancha? Todos nosotros debemos caminar ahora por la senda estrecha y difícil. Para ello, debemos creer en la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu todavía más ardientemente, y debemos caminar sólo por la fe en la Palabra de Dios. Claro que podríamos abandonar la senda estrecha y volvernos a la senda más fácil y ancha, pero no debemos hacerlo, porque el Señor nos ha dicho que caminemos por la senda estrecha y difícil.

Hay muchos en este mundo a los que nos les gusta entrar por la puerta difícil a través de la senda difícil. Como la senda parece demasiado estrecha, difícil y peligrosa para ellos, y sólo uso pocos dan con ella, son reacios a embarcarse en ella, e incluso opinan que cualquiera que esté en esta senda sólo puede ser estúpido. Sin embargo esta fe no es la de un creyente con sentido común.

La sabiduría que lleva a la vida se encuentra en la senda estrecha. Los que están en esta senda son notablemente sabios. Así, esta gente no duda en embarcarse en esta senda, aunque sólo sean unos pocos. Aunque es verdad que hay muchos en este mundo a los que no les gusta la senda estrecha, no es el caso general. Aunque su número sea muy reducido, en realidad hay mucha gente que busca la senda estrecha y que están contentos de caminar por ella. Para que todos sean salvados de sus pecados, deben entrar firmemente por la puerta estrecha.



La senda estrecha es la senda de la verdad, la senda hacia la vida eterna

Un innumerable grupo de personas en este mundo profesa creer en Jesús, pero muchos de ellos están en realidad caminando por la senda ancha debido a su negativa a darse cuenta y creer que Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre si mismo al ser bautizado por Juan el Bautista. Los que caminan por la senda estrecha saben que están en el camino correcto hacia la vida eterna, porque creen en la verdad de que el bautismo de Jesús borró todos los pecados del mundo de una vez por todas.

Pero, ¿quién de entre los cristianos de este mundo conoce este misterio de la puerta estrecha y la senda difícil? Incluso los llamados evangélicos de esta era no saben que Jesús tomó los pecados del mundo sobre si mismo a través del bautismo que recibió de Juan. La importancia del bautismo de Jesús reside en que contiene la asombrosa verdad de la salvación, que Jesús tomó todos los pecados de este mundo y fue crucificado por nosotros.

Con todos los cristianos nominales que creen en Jesús como si estuvieran meramente practicando una de las muchas religiones del mundo, creen que fue solamente a través de la Cruz que Jesús perdonó todos sus pecados; estos cristianos saben que sus pecados permanecen intactos en sus corazones. Entre los llamados evangélicos, muchos afirman que uno puede estar sin pecado simplemente al creer en Jesús como el Salvador. Incluso se burlan de nosotros, diciendo: “Todo lo que hemos de hacer es creer en Jesús como nuestro Salvador personal. Entonces ¿para qué tenemos que conocer y creer en este Evangelio del agua y el Espíritu?” Insisten en que está bien creer que están sin pecado, y así, rechazan creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. Pero de hecho, están caminando por la senda ancha del mundo, siguiendo y asimilándose con la mayoría de la cristiandad secularizada.

Si el Señor nos habló del Evangelio del agua y el Espíritu, entonces debemos estar contentos de recibir el poder de la remisión de los pecados al creer en el Evangelio de la salvación tal y como es. Al creer y difundir el Evangelio del agua y el Espíritu, estamos en realidad caminando por la senda estrecha y difícil. Los que caminan por la senda estrecha deben reprender a los que están en la senda ancha para que vuelvan a la Palabra de Dios y la sigan. Sean cuales sean las circunstancias para los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu, cuando el Señor mismo les ha dicho que vayan por la senda estrecha, entonces deben caminar por esta senda con fe.

Con todo, muchísimos cristianos han hecho muchos compromisos con la gente del mundo para caminar por la senda ancha que ¿cómo podrían recibir la remisión de los pecados en sus corazones? Estos cristianos que viven sus vidas comprometiéndose con la gente de mundo mantienen todavía sus pecados intactos en sus corazones, y sólo caminan por la senda ancha para alcanzar al final la destrucción, a pesar de profesar su fe en Jesús como su Salvador.

El Apóstol Pablo dijo: “¿O ignoráis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados para participar de su muerte?” (Romanos 6:3). También dijo: “Pero si alguno no tienen el Espíritu de Cristo, éste no es de Cristo”. (Romanos 8:9). El resultado de creer en Jesús como el Salvador es ser salvado de los pecados, estar sin pecado, y tener el Espíritu Santo morando en el corazón.

Aunque no podamos ver al Espíritu Santo con nuestros ojos, Él es el Espíritu de la verdad que desciende sobre los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos dio. Y la función del Espíritu Santo es atestiguar a estos creyentes sobre el Evangelio del agua y el Espíritu, asegurándoles “El Señor os ha salvado perfectamente de todos vuestros pecados a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto estáis sin pecado”.

Como Él es el Espíritu que atestigua la Palabra de la verdad en los corazones de los creyentes del Evangelio del agua y el Espíritu, no es posible encontrar ningún pecado en sus corazones. Él habita en los corazones de los nacidos de nuevo, y permite que sus mentes tengas los testimonios concretos de salvación. En otras palabras, el Espíritu Santo atestigua que todos los pecados de este mundo fueron pasados al cuerpo de Jesús cuando fue bautizado por Juan el Bautista. El Espíritu Santo da fuerza a los que caminan por la senda estrecha, dándoles fe, guiándoles y enseñándoles todo con la Palabra de la verdad, y manteniéndoles firmes. Al recordarnos la Palabra de Evangelio del agua y el Espíritu que ha limpiado nuestros pecados, el Espíritu Santo da fuerza a nuestras almas, mentes y cuerpos. Resumiendo, Él testifica que Jesús fue bautizado por nosotros y murió por nosotros en la Cruz.



Aquellos que creen y siguen el Evangelio de la verdad son los que caminan por la senda estrecha

Aquellos que caminan por la senda estrecha son sacerdotes espirituales que libran de sus pecados a los que han caído en la perdición. Ellos son los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y el Señor se complace con esta gente que está en la senda estrecha y difícil. Por muy difícil que sea esta senda de los justos, como es el camino que salva otros de sus pecados, todos debemos seguir esta senda. Y debemos servir al Evangelio día y noche para salvar de sus pecados a aquellos que no han recibido la remisión de los pecados todavía. En otras palabras, debemos guiar a aquellos que están todavía en la senda ancha para que ellos también puedan entrar por la puerta estrecha. Esta gente que camina por la senda ancha debe recordar que aunque esta senda sea cómoda para ellos, si continúan siguiéndola, terminarán en el camino a la destrucción.

Aquí, aquellos que caminan por la senda ancha se refieren a los cristianos hipócritas que se han comprometido con la gente del mundo y consecuentemente caminan por el camino a la destrucción. Ellos son los que se rebelan contra la verdad del Evangelio del agua el Espíritu, afirmando que es correcto tener pecados a pesar de creer en Jesús.

¿Qué dijo nuestro Señor sobre esta gente que se encuentra en la senda ancha? Él dijo: “Porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran”. Dicho de otra manera, hay cristianos cuyos pecados permanecen intactos y que caen en su destrucción, incluso profesando creer en Jesús, por su negativa a conocer el Evangelio del agua y el Espíritu. Con todo, es esta falsa fe suya la que atrae a la gente, y es la senda ancha a la destrucción la que la gente sigue.

Ellos enseñan que todo lo que los cristianos deben hacer es ser virtuosos. Pero esta fe es errónea y se desvía completamente de la verdad. Este tipo de enseñanza es considerablemente diferente de la verdad del Evangelio del agua y el Espíritu que nos ha hecho sin pecado. A pesar de ello, la gente de este mundo encuentra más atractiva la fe de los que no creen en el Evangelio del agua y el Espíritu. Aunque estos cristianos nominales no han recibido la remisión de sus pecados, aun cuando van a la iglesia, aun así se ganan la aprobación de los laicos si viven virtuosamente. Pero Dios no aprueba este tipo de fe como la fe correcta.

Por tanto, aquellos de nosotros que han escogido la senda estrecha vivimos una vida dentro de la Iglesia de Dios que predica el Evangelio del agua y el Espíritu, Su Palabra, y siguen Su voluntad. Hemos escuchado y creído la Palabra del Evangelio del agua y el Espíritu, y por tanto hemos sido salvados de nuestros pecados y estamos sin pecado de una vez por toda. Y después de ser salvados de nuestros pecados, nos hemos convertido en trabajadores de Dios que guían a otras almas por el camino de la vida. Así nos hemos convertido en los que caminamos por la senda estrecha y difícil.

Sin embargo, muchos cristianos no creen en Jesús para ser limpiados de sus pecados, ni tampoco quieren convertirse en justos. Es profundamente perturbador que este tipo de fe se está extendido cada vez más y que sus seguidores alardeen tanto mientras caminan por la senda ancha y laica. Siempre se dan bombo a si mismos, creyéndose muy listos. Ni siquiera se dan cuenta de que está mal caminar por la senda ancha, y aún así, perversamente, continúan tachando de estúpidos a los nacidos de nuevo que caminan por la senda estrecha.

Incluso algunos líderes cristianos ignoran el hecho de que en realidad están caminando por el camino ancho sin darse cuenta. Para ellos, el ser reconocidos por otros y ganarse una reputación mundana es una de las cuestiones más importantes, y desafortunadamente, su fe también atrae a mucha gente, como un político que tiene don de gentes atrae a muchos votantes. Saben muy bien lo que a la gente le gusta y lo que quieren tener. Hablan de lo que complace a la gente y no de lo que complace a Dios. Son falsos maestros y siervos de Satanás. Los verdaderos siervos de Dios nunca hacen lo que estos falsos maestros hacen. Como el Apóstol Pablo dijo: “¿Busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿Acaso busco agradar a los hombres? Si aún buscase agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

Por tanto, tenemos aún más razones para dejar de lado la fe del mundo y seguir el Evangelio del agua y el Espíritu que nos lleva a esta senda estrecha que agrada a Dios. Para ello debemos creer que el Evangelio del agua y el Espíritu es la verdad que nos sitúa en la senda estrecha, y debemos seguirlo como tal. Al poner nuestra fe en la Palabra escrita de la verdad, todos nosotros debemos seguir esta senda. Debemos entender por qué nuestro Señor nos dijo que entrásemos por la puerta estrecha, y seguirla con fe. Debemos darnos cuenta de por qué el Señor dijo que pocos encuentran esta senda estrecha que da a la puerta de la vida, debido a su dificultad, y debemos seguir y servir al Evangelio del agua y el Espíritu.

Aquellos de nosotros que han nacido de nuevo hemos entrado por la puerta estrecha, porque creemos en el Evangelio del agua y el Espíritu. Y también caminamos por la senda estrecha junto con el Evangelio del agua y el Espíritu.

Los justos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu simplemente no pueden embarcarse en la senda ancha, porque está escrito: “No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él la caridad del Padre. Porque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino procede del mundo. Y el mundo pasa, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).

Doy infinitas gracias a nuestro Señor que nos ha puesto en la senda estrecha.

 

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