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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

No se preocupen por sus vidas y pongan su confianza solo en Dios


< Mateo 6:25-34 >
“Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos o qué vestiremos? Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad. Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán.”


Nosotros, los nacidos de nuevo somos propensos a preocuparnos por el futuro, aun después de haber recibido la remisión de los pecados. Son preocupaciones del tipo cómo voy a vivir de ahora en adelante, qué hago para poder comer, qué hago para poder vestirme, qué debería hacer para ganar dinero, y cómo debería vivir. De esta manera, tenemos en nuestros corazones preocupaciones por el futuro. He observado que los nacidos de nuevo que aún son jóvenes tienden a preocuparse por el resto de sus vidas porque no entienden que Dios les ayuda y porque no han experimentado que Dios guía su camino. Por supuesto, es natural que nos preocupemos porque somos humanos.

Todos los nacidos en este mundo trabajan duro por si mismos. Todavía no han vivido según la fe en Dios, y tienen la costumbre de vivir confiando en sus propios esfuerzos y poder, de modo que aun cuando nacen de nuevo, la primera cosa de la que se preocupan es qué van a comer, qué van a beber y cómo van a vivir. Sin embargo el Señor nos dice en qué deben pensar los nacidos de nuevo en primer lugar: “Buscad primero, pues, el reino y su justicia”. Él dice: “Buscad primero el Reino de Dios y la justicia de Dios. Primero, uniros a la iglesia y buscad hacer la obra de Dios, Su Reino y salvar a la gente. ¡Rezad! Entonces satisfaré todas vuestras necesidades en el terreno de la carne, como qué comeréis, qué beberéis y cómo viviréis”.

Yo también pensé en mi futuro en cuanto fue librado de mis pecados. “¿Cómo viviré? ¿Qué comeré? ¿Qué vestiré? ¿A qué me dedicaré?” Me preocupaba sobre estas cosas. Cuando hubiera habido un número determinado de tareas que debía llevar a cabo, entonces las hubiera cumplido; pero ya que no había nada determinado, no sabía que hacer en ese momento. Los que habían ahorrado dinero antes de recibir la remisión de los pecados, estarán menos confusos. Sin embargo, alguien que ha sido sólo u estudiante antes de recibir la remisión de los pecados, como yo, estará más confundido. No podía dejar de preocuparme sobre cómo vivir en este mundo.

Los hermanos jóvenes de nuestra iglesia, que en el mundo real son estudiantes o principiantes, pueden ser desalentados por pensar en cómo vivir en este mundo. ¿Qué deberíamos hacer para comer? ¿Qué deberíamos llevar puesto? Hay muchas preocupaciones de este calibre.

Sin embargo, El Señor nos dice a todos nosotros: “No os preocupéis de tales cosas. Eso es lo que hacen los que no han nacido de nuevo”. Entonces podemos pensar: “Nuestro Señor no tiene ni idea de nuestra situación. Este es un problema de la realidad, ¿cómo podemos dejar de preocuparnos? El problema de la comida, la ropa y el techo bajo el que vivir dependen de esto ahora mismo. ¿Cómo podemos dejar de preocuparnos?” No obstante el Señor nos dice firmemente: “Eso es de lo que se preocupan los gentiles. No os preocupéis por cómo habréis de vivir. Pensad en la justicia de Dios primero y en vivir vuestra vida llevando a cabo Su justicia”. El Señor dice: “Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?”

De hecho, si creemos en lo que el Señor dijo, no hay nada que discutir en su contra. Nosotros nos preocupamos por nuestras vidas, pero el Señor nos reprende con sus palabras claras: “No os preocupéis por las cosas materiales. Eso es lo que piden los gentiles. Eso es lo que los que no han nacido de nuevo piden. Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?”

Queridos hermanos cristianos, ¿cómo crecen los lirios del campo? ¿Aparece un brote automáticamente que crece y florece? Es porque Dios los planta, les de la luz del sol según la necesiten y les da la lluvia para hacerlos florecer. El Señor dice que Dios cuida de esta hierba del campo, entonces cuánto más cuidará Él de ustedes, que son los justos.

Queridos hermanos cristianos, hay una gran diferencia entre las preocupaciones que tenemos y la certeza que proviene de la Palabra de verdad de Dios. Nos preocupamos mucho por nuestro futuro ahora, pero no hay mucho que podamos decir ya que el nos hace callar simplemente diciendo: “Aprended de los lirios del campo”. Dios les da la luz del sol y la lluvia para hacerles crecer de tan buen modo. Entonces, ¿no habría de cuidad de nosotros que somos sus hijos? Tengan la fe que confía en Dios. Entonces podrán comunicarse con Dios.

¿Qué debemos hacer para comunicarnos con Dios? No hay otra manera más que creer en la palabra de Dios. Cuando creemos en Su Palabra tal y como es, podemos comunicarnos con Él con fe. Si Dios lo dice, cuando creemos en Él según Su Palabra que dice “Dios me vestirá, me dará de comer, me ayudará a vivir”, podemos relacionarnos con Él y ser respondidos según nuestra fe.



Aprended de los lirios del campo

¿Tienen la fe que confiesa así: “Dios crió a los lirios del campo. Yo pertenezco al pueblo de Dios, soy un hijo de Dios, y Dios es mi Padre y mi pastor, por tanto creo que Él me dará de comer y me vestirá”? La única manera de deshacerse de las preocupaciones es creer. “Dios, creo en Ti” No hay más palabras que estas ante Dios. No hay más palabras que podamos decir.

Queridos hermanos cristianos, cuando el Señor dice una cosa, ¿podemos nosotros decir algo en contra de lo que Él ha dicho? En el pasaje de las Escrituras de hoy, Dios nos promete que nos proveerá de todo lo que necesitemos cuando primero hayamos buscado Su Reino y Su justicia. Cuando tomamos este pasaje con fe, no podemos decir nada más. No podemos poner ninguna excusa, salvo que no tenemos fe. “Puedo criar a los lirios del campo. Si es así, ¿no puedo criarte a ti? Puedo criar una planta anual, si es así, ¿no puedo criar a Mis hijos?” Ahora bien, crean en Él.

Si creemos así, puede que no pensemos de la siguiente manera: “La lluvia es algo que Dios hace que caiga del cielo de todas maneras, y la luz del sol es algo que Él da de todos modos, y por tanto la hierba crece, pero nosotros no podemos vivir sólo de lluvia y luz del luz. ¿No sabes Dios lo duro tenemos que trabajar para vivir?”. Por supuesto no hay ninguna manera de la que Dios no sepa. Si el Señor dice que nos conoce todos, entonces debemos creer que Dios nos dará también la habilidad, la sabiduría, y las bendiciones que nos permitirán vivir en este mundo. Si el Señor tomó un lirio para hacer una explicación de cómo Dios provee todo en su debido tiempo, entonces podemos creer que Dios nos proveerá de todo a nosotros, los hijos de Dios, a su debido tiempo.

El Señor nos da otro ejemplo para suscitar nuestra fe en Él, diciendo: “Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” (Mateo 6:26).

Sin embargo alguna gente no creyente interpreta este verso de una manera absurda, diciendo: “¡Mira! ¡Mira al pájaro en el aire! ¡Qué diligentes son! Si trabajamos duro en este mundo como esos pájaros que vuelan en el aire, podremos vivir bien en este mundo”. Se inventan argumentos como éste. Como esta gente no tiene fe, inventan argumentos como el siguiente: “¡Ah! Si un hombre trabaja duro, entonces tendrá suficiente comida y vivirá en abundancia”.

Estos argumentos son diferentes de los argumentos de fe de los que el Señor nos habló. ¿Quién diría que cuando trabajamos duro, no nos tenemos que preocupar por la comida? Sin embargo, ¿se hace rico todo el mundo solamente por trabajar duro? Esto no sucede igual con todo el mundo. Hay mucha gente que ha trabajado en su empleo durante meses e incluso un año, pero todavía no les han pagado.

“Mirad cómo las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?” Lo que el Señor quiso decir con este verso no es que podemos tener comida si trabajamos duro. El Señor dice que nuestro Padre Dios, que nos salvó, nos provee con comida, bebida y ropa para mantener nuestras vidas en este mundo. Esto significa que Dios nos dará de comer y nos vestirá a nosotros, los justos. Esto quiere decir que Dios cuidará de cualquier persona justa que viva por la difusión del Evangelio. El tema principal de este verso es que: “Si soy mis hijos, ¿os dejaré morir de hambre o no os vestiré? Si soy mis hijos, mientras vivís en este mundo, mientras vivís vuestras vidas, mientras tenéis tareas que hacer en este mundo, ¿no cuidaré yo de vosotros?”.

Yo también me sentía ridículo cuando leía este pasaje antes de nacer de nuevo. Pero ya no es así. Cuando conocí al Señor, no sabía que hacer. Al principio pensaba que iba a tener un negocio al que dedicarme. De hecho, no tenía ningún otro plan en mi mente. En realidad estaba deprimido cuando conocí al Señor por primera vez a través del Evangelio del agua y el Espíritu. Por culpa de las preocupaciones de cómo vivir, qué comer y qué vestir, las preocupaciones de cómo difundir el evangelio después de haber recibido la salvación pasaron a un segundo plano. Cómo debía unirme a la iglesia de Dios también pasó a un segundo plano y estaba en agonía porque no sabía qué hacer cuando estaba ocupado intentado ganarme la vida. Pero el Señor dice: “Eso es lo que hacen los gentiles piden”. Sin embargo, me rebelé contra Su Palabra diciendo: “Esa es tu lógica y mi lógica no sigue a la tuya en estos momentos”.

Cuando miraba hacia delante para ver cómo viviría de ese momento en adelante, estaba oscuro. Cuando consideraba mis circunstancias, era aún peor y no sabía qué hacer. No sabía nada en aquel momento, pero de lo único de lo que estaba seguro era que Dios se había convertido en mi Padre y que el Señor había borrado todos mis pecados. Entonces el Señor dijo: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: ‘Vete de aquí allá, y se iría’”. Esto quiere decir que el Señor me dio el Evangelio de la verdad que me permite vivir con fe. Y también me dijo: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”.

“¡Ah! ¡Esta es la manera de la que puedo vivir!” Me decidí a consagrarme a la obra de Dios. Me aferré a esta palabra y empecé a rezar por todo lo que necesitaba. Recé: “Dios Padre, no tengo dinero. Dios, quiero difundir el Evangelio del agua y el Espíritu pero no tengo dinero. Dame dinero. Dame cosas materiales. No tengo ningún edificio. Dame un edificio para la iglesia. Dame almas. Estoy intentando escribir libros para difundir el Evangelio del agua y el Espíritu pero no tengo no tengo editorial. Dame una editorial”.

Ahora mi pequeña fe ha crecido y pido por algo grande para la obra de Dios. He experimentado que Dios ha contestado a todas mis peticiones, ya sean grandes o pequeñas. Esto me hace crecer gradualmente como un hombre de fe. Esto significa que nos convertimos en hombres de fe sin darnos cuenta.

Cuando algo ocurre, pienso: “¡Dios da si rezamos! ¡Y no hay nada de lo que deban preocuparse los hermanos y hermanas! ¡Dios ayuda! ¡Dios ayuda a los hermanos y hermanas! ¡Si los hermanos y hermanas están en apuros, Dios le da si rezan!”. Nuestra fe crece gradualmente siempre que recemos con fe. Por eso el Señor dice: “Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja a todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Nuestro Dios es poderoso para hacer que copiosamente abundemos más de lo que pedimos o pensamos (Efesios 3:20).

Al creer en esto, pedimos al Señor con seguridad. En vez de intentar empezar algo por nuestra cuenta, en vez de tratar de hacerlo por los medios humanos, rezamos: “¡Dios! Danos esto. Lo necesitamos de verdad”. Incluso si no podemos ver ningún signo positivo con nuestros ojos, pedimos a Dios que nos de. ¿Por qué? Es porque las oraciones hacen que las cosas ocurran, entonces son mejores que nuestros propios métodos. Cuando nací de nuevo planeaba abrir un negocio de venta de cazuelas para ganarme la vida. Pero a medida en que mi fe crecía, empecé a rezar en vez de intentar hacer algo por mi cuenta.

Si tenemos fe en Dios, primero rezamos por Su ayuda. Aunque no haya respuestas, rezamos diligentemente. “Dios, haz esto por nosotros. Haz eso otros por nosotros”. Cuando rezamos durante mucho tiempo y constantemente, vemos que Dios contesta. Entonces recibimos una respuesta y rezamos de nuevo sobre otro asunto. De este modo, experimentamos las respuestas de Dios. Por tanto, nos convertimos en gente de fe. Llegamos a tener una fe más fuerte que cree en Dios. Llegamos a creer firmemente que el Señor nos da de comer, nos viste y nos hace vivir. Cuando vivimos por la justicia de Dios, desarrollamos la fe en Dios.

Por tanto, cuando trabajamos por la justicia de Dios, no nos preocupamos demasiado por lo que comeremos de ahora en adelante o lo que beberemos o vestiremos. Siempre que necesitemos algo, nos ponemos a rezar: “Dios, danos otra vez. Da a nuestros hermanas y hermanos cosas materiales. Danos salud. Danos esto. Danos lo otro”. Nos ponemos a rezar. Esto no significa que nos tengamos que sentar a rezar y no hacer nada por nuestra propia cuenta. Primero tenemos que rezar y después buscar la justicia de Dios. Entonces Dios nos da para comer, beber y cosas para vivir y demás. Espero que ustedes crean que Él nos lo da todo.

En realidad podemos vivir y hacer Su obra bien hasta ahora porque Dios ha proveído para nosotros. Por tanto, en el futuro también, Dios nos dará a los justo para vestir, comer y beber, que son cosas esenciales para nuestras vidas. No sólo estas cosas, sino que también todo lo demás que necesitemos para el Reino de Dios, Él nos lo da en abundancia.

Hermanos y hermanas, por eso es una bendición vivir en Dios. No vivimos de lo que tenemos, sino de la fe en Dios. Por eso los justos viven con riqueza para la carne y el espíritu. Si realmente vivimos con fe en Dios, vivimos en abundancia de la carne y el espíritu.

Dios nos dijo: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Esto significa que debemos vivir en unión con Su Iglesia por el Reino de Dios y Su justicia, por el Evangelio y por la salvación de las almas. El Señor nos ordenó que viviésemos por el Evangelio del agua y el Espíritu. Esto quiere decir que Dios nos dará todo si vivimos por la justicia de Dios. Esta es la promesa de seguridad que Dios nos confía a ustedes y a mí. Esta es la alianza que Dios hizo con aquellos de nosotros que han nacido de nuevo. Si damos nuestros corazones a Dios y vivimos por el Evangelio de Dios, Él nos garantizará sin duda nuestras vidas, proporcionándonos comida, bebida y ropa. Dios nos garantizará al menos que viviremos con riquezas de la carne y el espíritu.

Queridos hermanos cristianos, vivan por Dios. ¿Están nerviosos por sus vidas? Vivan por el Evangelio de Dios. Vivan por el Evangelio del agua y el Espíritu. Fijen sus mentes en la obra de Dios. Si hacen eso, su futuro está asegurado. ¿Cuándo estamos más preocupados como humanos? Cuando nuestras cosas materiales, por muy pequeñas que sean, de las que solíamos vivir están apunto de agotarse, entonces nos sentimos inseguros. Nos sentimos más bien cómodos si gastamos todo lo que tenemos y nos quedamos con las manos vacías. Como no tenemos nada que ahorrar y no tenemos reservas de nada, es más fácil intentarlo de nuevo con fe en el Señor. Sin embargo, estamos más inseguros cuando no gastamos todo completamente e intentamos vivir con lo que nos queda. ¿Cómo de nerviosos nos ponemos por miedo a perder lo que nos queda?

Queridos hermanos cristianos, ya nos quede algo o no, simplemente vivan por el Señor, por el Evangelio y confíen en el Señor. Entonces el Señor nos llena, no sólo en lo que ya tenemos, sino con mucho más. Es porque nuestro Señor nos llena en abundancia cuando vivimos por el Evangelio y nos ayuda a vivir arreglándonoslas con lo que tenemos.

Eso es. Tengan en mente el pasaje de las Escrituras de hoy: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Esto ocurre porque si vivimos por Dios, Él no puede evitar darnos todo lo que necesitamos.

Había un hermano que era sastre. No se puede ganar mucho dinero siendo sastre. Él explicaba que se tenía que quedar despierto muchas noches para terminar un traje. Entonces cuando trabajaba mucho por la iglesia, se quedaba sin ingresos. Entonces empezó a rezar al Señor. Desde entonces, la gente empezó a encargarle muchos chándales en vez de trajes. Algunas empresas empezaron a encargarle chándales al por mayor por los cientos y los miles, así que cuando empezó este negocio, ganaba grandes cantidades de dinero.

Vivir es vivir, ya sea haciendo trajes o chándales, pero hay muchos hermanos que pueden servir a Dios mucho más porque empezaron a rezar cuando estaban en problemas. En realidad hay muchos ejemplos como éste. Cualquiera que hay vivido por el Señor ha pasado por algo así. Nosotros, los justos, no vivimos sólo de lo que tenemos. Servimos a Dios con lo que Él ha proveído porque el Señor nos llena. Si vivimos de lo que tenemos, seguramente se nos acabará.

Había una viuda en Sarepta en el antiguo Testamento. Por aquel entonces, hubo una terrible sequía durante años que provenía de Dios. Por culpa de la hambruna, se quedó sin nada y lo único que le quedó fue un puñado de harina en un bote. Cuando mezcló la harina con agua y la amasó salió un trozo de pasta que sólo podría saciar el hambre de dos o tres personas. Amasó la pasta con un rodillo para hacer pan. Los judíos hacían pan para comer. Amasaban la pasta de harina para hacerla plana y cando el fuego se había extinguido y quedaba sólo un trozo de carbón en el fuego, ponían la masa en él.

Cuando iba a hacer una rebanada de tortita como pan por última vez para comer ella y su hijo, pensó que se morirían de hambre después. Entonces, un siervo de Dios, Elías, apareció.

“Mujer, ¿tienes algo para comer?”

“Sí, tengo esta cantidad de harina”.

“Entonces, cuécelo y tráemelo para que pueda comer”.

Querido hermanos cristianos, porque el siervo de Dios le dijo que se lo trajera, ella se lo trajo. Ella creía que se iba a comer el último trozo con su hijo, y eso era todo lo que le quedaba, pero se lo dio a comer al siervo de Dios. La viuda le dio el último trozo al siervo de Dios. Parecía que no quedaba esperanza para ella. Sin embargo, ocurrió algo increíble. El siervo de Dios rezó después de comer. Entonces la harina no se acabó en el bote. La Biblia lo registra.

Queridos hermanos cristianos, la Biblia dice: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Los que no han nacido de nuevo estafan el dinero a otros con este verso. Esto ocurre frecuentemente de verdad. Pero en realidad, guiar a las almas para vivir según la fe y para servir el Evangelio del agua y el Espíritu no es un engaño, sino que es la Palabra de Dios. Si vivimos realmente por el Señor, Él provee. Crean esto. Tienen que creerlo.

Queridos hermanos cristianos, repitan conmigo: “¡Señor, creo en Ti!”. Puede que aún se sientan inseguros, ¿verdad? Entonces díganlo gritando. “¡Creo!” ¿Han vivido con su fuerza hasta ahora? Entonces aférrense a Dios aun más con fe. Si se aferran a algo desesperadamente, aun todavía se escapa. Por eso el Señor nos dice que vivamos con fe.

Deberíamos vivir con nuestro corazón por el Señor y servirle tengamos o no tengamos mucho. Entonces el Señor, les llenará sin duda de todo lo que necesiten. Si servimos al Señor, Él tiene la responsabilidad de saciarnos. El nos proporciona abundancia porque le servimos continuamente. Como Él es omnipotente, nos saciará sin lugar a dudas, aunque sólo sea para mantener Su alianza.

Nuestra vida no depende de nuestra voluntad, sino de nuestra fe. Nosotros, los siervos de Dios, así como todos los hermanos y hermanos, deberíamos vivir según la fe: la fe que experimenta lo que Dios ha hecho por ellos cuando vivieron en el Señor. Si vivimos para nosotros mismos, nuestra fe no puede crecer. Cuando vivimos por el Señor, nuestra fe en Él puede crecer gradualmente. Queridos hermanos cristianos, ¿saben que las bendiciones de Dios son como primas para la gente que vive según la fe? Una prima es algo que se añade a lo que es usual o esperado.

Dios da muchas primas aparte de Su salvación. Vivimos porque Dios nos da muchas bendiciones como prima. Si no nos da primas, y sólo nos da lo que merecemos, entonces no podemos vivir. Si sólo recibimos las cosas por las que trabajamos, ¿no morirían todos los vagos? Dios nos da muchas cosas como prima, y esas cosas son bendiciones. Y vivimos junto con Dios que nos da Su gracias. Por tanto vivimos según la fe en Dios, que nos salvó.

Queridos hermanos cristianos, si creemos en Dios, entonces Él obra en nosotros. Crean en Dios. Crean en Dios aunque sea difícil. La promesa de Dios es que Él nos escuchará si creemos en Él. “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Experimente cómo Dios les da “todas estas cosas” mientras vivan. Quiero decir que deberían experimentar cómo Dios nos sacia, cómo provee. ¿Cómo pueden experimentarlo si no han vivido según la fe?

Queridos hermanos cristianos, vivan según la fe: “¡Creo en Ti, Dios! Creo en que me vestirás, me darás de comer y que no viviré desnudo, que me vestirás y me dejarás vivir sine estar avergonzado. Y creo que me vestirás. Creo que me dejarás vivir mi vida”.

Crean así. Si creen, Dios tendrá que darles. ¿ Es que nuestro Dios no puede hacer eso? ¿Es un Dios que no puede darnos de comer? Dios es suficientemente poderoso para hacer todo eso. Por tanto, debemos librarnos de nuestras propias medidas, y creer y confiar en Dios Omnipotente. Crean en la Palabra. Confíen. Confiar en la Palabra de Dios es fe. Queridos hermanos cristianos, ¿lo entienden?



¿Tienen todavía preocupaciones por su futuro?

¿Tienen todavía preocupaciones por su futuro? Yo también tenía muchas preocupaciones, especialmente cuando estaba en el último año de universidad, es decir, cuando estaba apunto de graduarme. No tenía nada de que preocuparme. “Ey, vámonos a comer tortitas”. Era despreocupad, pero en el segundo semestre de mi segundo año, empecé a preocuparme. “Me gradúo pronto. ¡Oh! ¿Qué haré entonces? ¡Oh! Entonces estaré en problemas”. Cuando pensaba en esto, me parecía un gran problema. Perdí hasta el apetito.

En realidad, no sólo los estudiantes, sino todo el mundo no puede hacer nada más que preocuparse por “cómo viviré” y “cómo comeré”, aun después de haber sido salvados. Sin embargo, es un nuevo principio para los que han nacido de nuevo. Si nacemos de nuevo, lo que hicimos en el pasado, el tipo de trabajos que tuvimos, cómo vivimos, ya no importa. No importa cómo o con qué vivieran en el pasado, ahora han nacido de nuevo, deben empezar de nuevo. Estamos iniciando un año nuevo. ¡Una nueva era!

En el capítulo 12 del Éxodo se dice: “Este mes será para vosotros el comienzo del año, el mes primero del año” (Éxodo 12:2). Dios les dio un calendario nuevo a los israelitas en conmemoración del éxodo de Egipto, de su esclavitud. El Éxodo fue el nuevo comienzo para la historia de los israelitas. Cruzaron el Mar Rojo, el mar de la muerte, y llegaron a emprender sus primeros pasos hacia la Tierra Prometida. Ya no eran el pueblo del faraón, sino que se habían convertido en el pueblo de Dios.

Del mismo modo, desde el momento en que nacimos de nuevo, somos criaturas nuevas. Por eso deberíamos empezar una vida completamente diferente. No es una extensión de nuestra antigua vida. Ahora somos gente que murió con Cristo y se levantó de nuevo con Él para tener una vida nueva. Como está escrito: “Con El hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como El resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6:4).

“De suerte que el que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo” (2 Corintios 5:17). Todo se ha hecho nuevo para los nacidos de nuevo. Estudiamos con cosas nuevas, vamos a trabajar con cosas nuevas, servimos a Dios con cosas nuevas, y vivimos con cosas nuevas. Vivamos con cosas nuevas de ahora en adelante. En algún sentido la vida de los nacidos de nuevo puede parecer simplemente una extensión de la vida pasada, pero en realidad, cuando Dios nos ve, es un modo de vida completamente diferente, el principio de una nueva vida. Todo es nuevo.

Somos criaturas nuevas una vez hayamos creído en el Evangelio del agua y el Espíritu, y librados de todos nuestros pecados. Ustedes y yo somos criaturas nuevas. Ahora las cosas viejas han pasado. Todas sus debilidades, sus miedos, y su antiguo modo de vida que solía confiar sólo en los métodos humanos, se han ido. Ahora se han convertido en una criatura nueva. Ahora vivimos con fe.

¡Queridos hermanos cristianos! Viviremos según la fe como en este pasaje: “Los justos vivirán de la fe”. Lo primero es la fe, ¡lo segundo es la fe! Lo tercero y lo quinto es también la fe. Cuando nos caigamos, viviremos de la fe, y cuando andemos estirado, viviremos de la fe; en cualquier situación en la que nos encontremos, vivimos de la fe. Esto es lo que es la fe. La fe nos hizo vivir. La fe nos hace vivir. Esta es la fe correcta. Por eso la Biblia nos da en este mensaje en el pasaje de las Escrituras de hoy: “No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. Bástale a cada día su afán”. Esto quiere decir que no nos preocupemos por el futuro. ¿Por qué? Porque está todo en manos del Señor. Por eso el Señor nos dijo que no nos preocupásemos por las cosas del futuro. ¿Qué se consigue con preocuparse del futuro?

El Señor nos dice: “No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán”. Debemos vivir hoy y mañana con fe. Desafiamos al futuro con la fe en Dios. Pedimos a Dios con fe: “¡Dios! Haz esto por mí. Haz esto otro por mí”. La oración es un desafío con la fe que cree en Dios y creer que Él lo hace por nosotros. Esto es todo lo que podemos hacer, y nuestra propia voluntad y juramento de lo que haremos en el futuro son inútiles. No podemos garantizar nuestro futuro o cualquier otra cosa por nosotros mismos. Nada es seguro. Por eso Dios, el Señor de todos los anfitriones, nos enseñó la lección de las Escrituras de hoy, para que no nos preocupáramos por qué comer, beber o vestir.

Queridos hermanos cristianos, no deberíamos preocuparnos por cómo vivir, cómo cuidar nuestra carne. No nos preocupemos. “¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo?” “Soy así de alto”, pero ¿me haría un solo centímetro más alto porque me preocupara? Ocurriría esto si nos preocupásemos toda la noche así: “¡Esto es lo que quiero ser!” No hay nada que funcione porque nos preocupemos. ¿Nos ganamos el pan o mucho dinero?

No deberíamos estar ansiosos por nada, sino que en todo, mediante oraciones y peticiones presentar nuestras súplicas a Dios. Recen fervientemente y pídanle a Dios con fe. Eso es lo que tenemos que hacer. Creer y rezar es lo que tenemos que hacer. Si están preocupados, pidan ayuda a Dios. Confíen en Dios. Hermanos cristianos, vivan creyendo en Dios. ¿Entienden? —Sí—. Vivimos si creemos, pero morimos si no creemos.

Queridos hermanos cristianos, si no creen en Dios, mueren. Si confían en todas las posesiones que tienen, se acabarán. Tal y como la vaina se abre y los guisantes salen, todas las posesiones se acaban. ¿Cuántos guisantes tiene una vaina? ¿Tiene cien guisantes? No, sólo cuatro o cinco guisantes. Queridos hermanos cristianos, pensemos en esto. ¿Pueden vivir sus vidas enteras con tan sólo lo que tienen, como su poder, su habilidad, su salud, y su riqueza? Quiero decir que deberían considerar si pueden cumplir todas sus obligaciones humanas con sus hijos o sus padres. Queridos hermanos cristianos, ¿podemos contarlas? Por mucho dinero que tengamos, si tenemos vida con sólo esto, no podemos vivir. Entonces ¿qué necesitamos? Necesitamos tener fe en Dios y en Su Palabra.

Hay una cosa que me gustaría decirle a voz en grito. Es que sólo crean en Dios. Aunque no puedan ver a Dios con sus propios ojos y la fe en Él parezca no tener fundamento, deben creer en Él. Simplemente crean en Él. Eso es todo.

La Biblia dice: ahora bien: “Es la fe la garantía de lo que se espera, la prueba de las cosas que no se ven, pues por ella adquirieron gran nombre los antiguos” (Hebreos 11:1-2). Aunque no haya ninguna evidencia que se pueda ver, ni una cosa tangible que coger, debemos pedir a Dios cualquier cosa con fe: “Dios, dame. ¡Creo! Cuida de todo lo mío: comida, ropa, casa y todos los problemas de mi vida. Ayúdame a vivir una vida digna”. Si creen en Él y le piden ayuda, Él les responde. Sin embargo, si no creen y viven confiando en su propia fuerza y en sus cálculos, entonces morirán. Perderán hasta lo último que les quede y se convertirán en mendigos.

El verso “los justos vivirán de la fe” significa que la única cosa de la que puede vivir una persona justa es la fe. “Los justos vivirán de la fe” (Romanos 1:17; Hebreos 10:38). Queridos hermanos cristianos, no hay nada más allá de la fe en Dios. Queridos hermanos cristianos, ¿creen? La fe no es algo que pertenezca a otros. No desarrollan su fe para luego dársela a otro. La fe es suya.

Únicamente podemos vivir si creemos en Dios y en la Palabra de Dios. Funcionamos según nuestra fe en Dios y Su Palabra. Es más importante creer en la Palabra de Dios, rezar con fe en Dios y vivir siguiendo Su voluntad, que preocuparse por todo.

 

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