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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

La enseñanza del Señor sobre la oración (2)


< Mateo 6:5-15 >

“Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los cielos. Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las cales, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve lo oculto, te premiará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tú cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo escondido, te recompensará. Y orando no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. No os asemejéis pues a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis. Así pues habéis de orar:

Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad,

como en el cielo, así en la tierra.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy,

y perdónanos nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,

y no nos pongas en tentación,

mas líbranos del mal.

Porque si vosotros perdonáis a otros sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas.”



Espero que todos ustedes sean gente de oración. Espero que se conviertan en gente de fe al rezar y experimentar las respuestas de Dios. Espero que se conviertan en gente de fe fuerte y ayuden a mucha gente, tal y como Pedro dijo: “No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy: En nombre de Jesucristo Nazareno, anda” (Hechos de los Apóstoles 3:6). También espero que recen por lo que necesitan y lo reciban.

Los seres humanos somos siempre insuficientes y por lo tanto debemos rezar constantemente. Por eso Pablo dijo: “Estad siempre gozosos y orad sin cesar. Dad en todo gracias a Dios”. Deben aprender la oración que se reza mediante la fe en Dios. Si no desarrollan el hábito de rezar en voz alta cuando rezan juntos por cualquier asunto, no podrán rezar con seguridad cuando luego necesiten rezan por ustedes mismos.

La oración es el aliento de la vida y un cheque en blanco. Esto quiere decir que todo lo que le pidas a Dios, Él te lo dará. Debido a que Dios es el padre de los justos, cuando rezamos, Él nos escucha y nos da una respuesta.



Debemos pedir ayuda a Dios con la fe en el Evangelio del agua y el Espíritu

En Mateo 7:7-12 se nos habla de la oración: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre. Pues ¿quién de vosotros es el que, si su hijo le pide pan, le da una piedra, o, si le pide un pez, le da una serpiente? Si pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las pide! Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque está es la Ley y los Profetas.”

Está pasaje nos está diciendo que cuando pidamos con fe verdadera. Dios Padre nos lo dará. El Señor nos enseñó cómo rezar y que el Padre sabe todo lo que necesitamos, pero que de todas formas debemos rezar a Dios, y sólo entonces Dios nos escucha y nos da respuestas. Aunque necesitamos conocer la gracia de Dios a través de Su Evangelio, también debemos conocer la vida en unión con Dios. Debemos aprender que a través de nuestra fe, cuando nosotros, los justos rezamos al Padre, Él contesta nuestras plegarias.

Si Dios Padre es el Padre de los que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu, ¿por qué no habría de dar cosas buenas a Sus hijos que le piden en la necesidad? Debemos creer que Dios es nuestro Padre y que nos da cosas buenas cuando rezamos. Debemos rezar con fe creyendo en esto. Los que saben cómo rezar a Dios fervientemente con fe, pueden rezar por sus hermanos y hermanas y por la salvación de otras almas. Lo que hace a un hombre un hombre de fe es intentar rezar por la justicia de Dios. La fe de los que creen en la verdadera salvación del Salvador, no hacen otra cosa que crecer gradualmente al experimentar el poder de oraciones fervientes. Por tanto, debemos aprender acerca de la oración mediante la fe.

Aunque hayamos sido librados de nuestros pecados de una vez por todas mediante el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos rezar a Dios incesantemente del mismo modo que respiramos constantemente. Si rezamos al Señor constantemente para que nos ayude, Él nos escucha. Debemos vivir estableciendo una relación con Dios a través de la fe, comunicarnos con Él, pedir ayuda constantemente, y recibir Su ayuda.

Espero que se conviertan en gente de oración y también espero que se conviertan en personas que rezar con fe. Además espero que tanto ustedes como yo aprendamos a rezar, para convertirnos en los que rezan con fe y disfruten de las respuestas. Espero que ustedes y yo pidamos a Dios muchas cosas y así seamos ricos en fe, dinero, salud y la justicia de Dios; y que podamos compartir estas cosas con otros. Espero que Dios nos de estas bendiciones y nos bendiga para convertirnos en la gente de las verdaderas oraciones.



Debemos pedir por la fe que exalta el nombre santo de Dios Padre

En la lección de la Escritura de hoy, el Señor nos enseñó primero por qué rezar y como hacerlo. Él dice: “Así pues habéis de orar: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9) El Señor nos pide que recemos por esta parte primero: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. Debemos rezar primero para que el nombre de Dios Padre sea santificado.

Para ello ¿qué tipo de fe necesitamos? Sin duda, debemos tener la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu que nos da la remisión de los pecados. Para poder tener esa fe, debemos comprender y creer en el Evangelio del agua y el Espíritu del que el Señor habló a Nicodemo (Juan 3:1-17).

Por tanto, si tenemos que santificar el nombre de Dios Padre, que está en los cielos, primero debemos recibir la remisión de los pecados ante Dios. Esto quiere decir que debemos ser los que creen que Dios Padre y Jesús son Dios, que nos hizo a ustedes y a mí, fue bautizado por Juan el Bautista para salvarnos de todos los pecados, y se convirtió en el Salvador, que fue crucificado. La fe que puede llamar al Padre de Jesucristo, nuestro Padre es la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la única manera en que podemos llamar legítimamente a Dios “Padre nuestro que estás en los cielos” y así también rezar a Él legítimamente. Y solamente a través de la fe, recibimos la calificación que nos permite orar a Dios ya que Dios es nuestro Padre y Salvador. Debido a que los que reciben la remisión de los pecados tienen esta fe, ellos pueden rezar: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. Por tanto, el Señor nos enseñó a rezar primero lo que es más apropiado para esta fe.

“Santificado sea tu nombre” significa que no debemos manchar Su nombre. Si es así ¿qué es no manchar el nombre del Padre? Aquí, “Santificado sea Tu nombre” se refiere al tipo de fe que deberíamos tener para glorificar a Dios y vivir una vida que no manche el nombre de Dios. Esto quiere decir que para hacer esto, debemos tener fe en la salvación de todos los pecados que Dios nos dio: “El Señor nos ha salvado de todos los pecados del mundo al darnos la justicia de la salvación y hacernos creer en la justicia de Dios. Nos ha hecho estar sin pecado mediante el Evangelio del agua y el Espíritu. Por tanto, somos el pueblo de Dios”. Debemos presentarnos delante de Dios Padre con esta fe siempre que recemos.

Todos debemos tener la fe que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu. Debemos mantener firmemente nuestra fe fuerte en el Evangelio del agua y el Espíritu del que el Señor habló. Por tanto, el Señor nos pide que recemos para tener la fe santa que nos permite recibir la remisión de los pecados.



Debemos creer que todo el mundo acepta el Evangelio del agua y el Espíritu para que el Reino de Dios sea establecido rápidamente en la tierra

En segundo lugar dijo: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra”. Esto significa que todos los seres humanos deben convertirse en el pueblo de Dios para que el Reino de Dios venga. En realidad, incluso antes de la creación, Dios había planificado que nos haría Su pueblo en Cristo a través del Evangelio del agua y el Espíritu, creó al hombre según esta providencia y nos salvó a nosotros los pecadores de todos nuestros pecados. Y nos dio a los que creemos Su perfecta salvación. Por tanto, nosotros, los que nos convertimos en el pueblo de Dios al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos vivir la vida rezando y trabajando duro para que el Reino de Dios venga enseguida.

Debemos hacer esto para que la gente que recibe la remisión de los pecados aumente en número al creer en Cristo, para que cuando Dios vuelva a este mundo, pueda resucitar y juzgar a los que se oponen a Él y dar bendiciones y recompensas a los que han nacido de nuevo. Debemos rezar por el rápido establecimiento del Reino de Dios para que Dios cumpla todos Sus planes predeterminados en Jesucristo.

Debemos vivir según la fe y rezar para que la gente reciba la remisión de sus pecados y por la expansión del Reino de Dios. Debemos trabajar duro por la difusión de este Evangelio del agua y el Espíritu a todos los países del mundo, para que todos los que vayan a creer, crean y vuelvan a Dios para glorificarle. Debemos hacer que los no creyentes se arrepientan enseguida ante Dios para recibir Su salvación perfecta. Esto es lo que significa este pasaje: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra”.

Por tanto debemos rezar y trabajar duro según la oración del Señor. Debemos rezar para que Él abra la puerta para que el Evangelio del agua y el Espíritu sea difundido rápidamente. Y debemos rezar por esta misión: “Por favor, protégenos y bendícenos para que podamos hacer esta obra”. En realidad, tal y como la remisión de los pecados se ha cumplido en nuestros corazones, debemos vivir una vida de oración para que el Evangelio del agua y el Espíritu se cumpla en los corazones de aquellos que no han escuchado el Evangelio. Debemos vivir creyendo que Dios da fe a todos los hermanos y hermanas en Dios, y que Él nos bendice ara que podamos difundir el hermoso Evangelio por todo el mundo y glorificar a Dios con verdadera fe.



Debemos rezar por el pan de cada día

En tercer lugar, el Señor nos enseñó a rezar por nuestro pan diario: “El pan nuestro de cada día dánosle hoy”. Sólo podemos vivir si tenemos también nuestro alimento espiritual. Entonces, dios nos dijo que rezásemos por nuestro alimento espiritual. Él nos dijo que rezásemos por nuestro pan de cada día. Debemos rezar por el pan nuestro de cada día: “Dios, ayúdanos para que podamos tomar el alimento espiritual y vivir”.

Dios nos dijo que rezásemos por nuestro pan de cada día, así que deberíamos rezar así: “Dios Padre, por favor llénanos de cosas materiales para que no nos falte ninguna cosa para la carne y el espíritu, bendíceme para que podamos compartir con otros lo que tengo en vez de tomar prestado de ellos. Haz que me convierta en un hombre de fe que intenta asistir a cada reunión y compartir una relación de hermandad con otros santos nacidos de nuevo para poder tomar el alimento espiritual”.

Queridos hermanos cristianos, ¿podemos vivir un solo día sin tomar el alimento espiritual? ¿Podemos vivir un solo día sin hacer la obra de Dios? Nuestro Señor dijo: “Yo tengo una comida que vosotros no sabéis” (Juan 4:32). La comida para nosotros, los nacidos de nuevo es hacer la obra de Dios. Cuando hacemos la obra de Dios, éste se convierte en alimento en nuestros corazones y el Espíritu Santo en nuestros corazones se regocija. Cuando estén irritables aunque hayan recibido la remisión de los pecados, intenten hacer la obra de Dios. Cuando sirven a Dios, sus cuerpos pueden estar cansados, pero el Espíritu Santo en ustedes se regocija. Nuestros corazones están contentos porque el Espíritu Santo está contento. Este es el alimento espiritual.

También podemos tomar alimento espiritual cuando nos reunimos con nuestros hermanos hermanas y mantenemos una relación de hermandad con ellos. Esto es porque durante la hermandad, la mente y voluntad del Espíritu Santo fueron intercambiadas a través del cuerpo de nuestros hermanos y hermanas. Pero esto no quieres decir que separemos nuestras vidas del mundo. Esto significa que debemos vivir en este mundo, pero debemos reunirnos con otras personas justas tan a menudo como nos sea posible.

Y también debemos rezar y leer la Biblia para tomar nuestro alimento diario. ¿Quién puede estar siempre bien servido al tomar el alimento espiritual cada día? Pero podemos tomar el alimento espiritual y mantener nuestra fuerza espiritual al ir a la iglesia. Por eso tenemos que asistir a cada culto y reunión en la Iglesia de Dios. Reunirnos es bueno y también es una gran bendición para tomar alimento espiritual. Esto es también hacer la obra espiritual. Salmos 133:1 dice: “Ved cuán bueno y deleitoso es convivir juntos los hermanos”. Todas las reuniones y cultos en la iglesia no han sido planificados al azar o sin ningún significado, sino que han sido sistemáticamente organizados para que podamos tomar juntos el alimento diario que es tan difícil tomar solos. Por tanto, al asistir a estas reuniones podemos comer mucho.

Queridos hermanos cristianos, ya que Él nos dijo que debíamos rezar a Dios por nuestro alimento diario en vez de quejarnos de nuestra falta de alimento, debemos pedirle ayuda rezando: “Dame el alimento diario, Dios, dame la bendición para ganar muchas cosas materiales para que no me falte nada. Dame el alimento espiritual y la fe, y bendíceme para que pueda hacer la obra de Dios con fe. Dame las bendiciones de la carne y el espíritu”. Sólo podemos recibir alimento cuando pedimos ayuda.

Debemos pedir a Dios por el alimento de la carne y del espíritu. Debemos hacer la obra de Dios y estar contentos de ello. Debemos rezar, buscar, llamar y pedir por esto. Debemos pedir activamente, porque Jesús nos prometió diciendo: “Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Pedimos con nuestros corazones, admitimos con nuestra boca y actuamos para buscar, pedir y recibir. Si respetamos, rezamos y buscamos cómo y a través de qué Dios nos dará, lo recibiremos. Así es como vivimos cada día. Por tanto, el Señor nos dijo que rezásemos por estas cosas.



Debemos perdonarnos unos a otros como hijos de Dios Padre

La cuarta pare de la oración es: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Esto significa que, ya que Dios perdonó todos nuestros pecados, no debería haber nada que nosotros, los nacidos de nuevo, no nos perdonemos. Si existe algún pensamiento carnal malo en nuestro corazón que no nos deja perdonar a los otros, debemos rezar: “Dios, protégeme y líbrame del mal para que no caiga en el mal, y dame un corazón y una fe para perdonar”. Esto significa que cuando no tenemos la fuerza para seguir la voluntad de Dios, debemos pedir ayuda a Dios y vivir de la ayuda de Dios.

Además no hay nadie cuya vida de fe sea perfecta desde el principio. Cuando se miran a ustedes mismos, ¿ven muchos defectos por si mismos? —Sí—. ¿Tenemos más defectos que virtudes? —Sí—. Queridos hermanos cristianos, no se desalienten. Si cometemos muchos errores, tenemos defectos y nuestra conciencia está afligida, pero no tenemos la fuerza para cambiar, ¿qué hacemos entonces? Debemos apelar a Dios de nuevo.

“Dios Padre, hazme una persona bendecida, una persona de fe, hazme feliz. Dame fe”. ¿No deberíamos pedir ayuda a Dios de este modo? ¿No es cierto? Esto es lo que todos tenemos que hacer. Cuando pedimos ayuda a Dios, ¿nos ayuda o no? —Nos ayuda—. Cuando lo hace, ¿nos convertimos en gente de fe o no? —Sí—. Por tanto, espero que ustedes se conviertan en gente de fe, que buscan y viven con fe, en vez de personas que miran al pasado desalentados, están resentidos con el presente, y dan por perdido el futuro. El pasado, pasado está y el presente es el presente. El pasado no es tan importante, como dice la canción: “No me preguntes por el pasado”.

Dios es poderoso, por eso le gusta la gente que le pide mucho. Él se siente ofendido cuando no le pedimos nada. Cuando pedimos a Dios lo que necesitamos, Él se complace y piensa: “Tú sabes que soy poderoso, sabes que tu Padre es rico. Es loable”. Debemos pedir cosas buenas en vez de decir: “Lo puedo hacer yo mismo”, porque entonces la dignidad del Padre se pierde. A Dios, que nos salvó, le gusta que le pidamos que nos dé cosas. Pídele que dé, dé y dé. Deberíamos pedir todos los días: “Danos nuestro alimento diario” y pedirle que nos bendiga cada vez que abramos la boca. Si fuera nuestro padre biológico, nos daría un bofetón porque le pedimos que nos dé cosas todos los días, pero nuestro Padre espiritual no es así. Más bien, Él está contento d que le pidamos todos los días.

Si su padre biológico les dio algo ayer y le piden lo mismo hoy de nuevo, seguramente se enfadaría; entonces el hijo biológico no puede ni pedir nada porque tiene miedo. Examinamos el humor de nuestro padre y nuestra madre y pensamos: “¡Oh!, si pido hoy, me darán una bofetada”, y si parecen estar de buen humor, sólo entonces nos acercamos y a penas recibimos nada. Sin embargo, nuestro Padre espiritual no es así. Si pedimos nada más abrir los ojos dame y durante el sueño dame, entonces Dios esta contento y dice: “Sí, te lo daré. Te lo daré, pero no lo uses al azar, sino úsalo debidamente, ¿de acuerdo?” Y nos lo da. Esta es la verdad.

Dios Padre, que nos salvó a ustedes y a mí, quiere más a aquellos que piden más. Si no tienen fe, pídanle: “Dame fe. Dame. Dame”. Entonces sabrán en un abrir y cerrar de ojos que Dios les ha dado fe. Pueden sentir esto: “¡Oh Dios mío!, tengo fe, puedo creer, he utilizado mi fe. Tengo fe”. No sean reacios a pedirle a Dios atados por sus propios pensamientos. Simplemente pídanle cualquier cosa con toda seguridad como si se lo hubiesen confiado a Dios. Al Señor le gusta así.

Queridos hermanos cristianos, ¿saben cómo la fe que no existía llegó a existir? Es porque piden: “Dame fe, dame, dámela” y Dios se la dio. La recibimos porque Dios nos la dio. No hay otra manera de tener fe. Es también porque Dios nos salvó y se convirtió en el Padre de ustedes y mío. No hicimos más que pedir: “Danos Señor. Danos”.

Cuando enseñamos a los niños pequeños a rezar, los niños rezan: “Señor, dame galletas. Rezo en el nombre de Jesús. Amen” y abren los ojos. Cuando abren los ojos y no ven ninguna galleta, exclaman: “No hay galletas” y se ponen a llorar. En este caso, yo les explico: “Eh tú, granuja, ¿cómo puede Él, aunque sea Dios, traer galletas cuando acabas de abrir los ojos después de rezar? Dios está escuchando ahora, ¿vale? Y piensa en Su corazón Se lo daré, y ordena a los ángeles que te traigan las galletas”.

Aunque Dios no nos de inmediatamente cuando rezamos, experimentamos que Él da al hombre adecuado en el momento adecuado, y podemos testificar que Él da. Por eso debemos siempre rezar para que nos de mucho.

¿No tiene muchas necesidades? Si hay algo que nos falte o que necesitemos para la carne o el espíritu, debemos rezar por ello: “Danos fe. Danos bendiciones. Danos la plenitud del Espíritu Santo. He oído que hay plenitud del Espíritu Santo— dánosla. Ayúdanos a vivir por la justicia. Dánosla”. Si rezamos así, aunque sea la oración de un niño inmaduro, ya que el Padre sabe lo que el hijo necesita, Él da al hijo necesita al hombre adecuado en el sitio adecuado.

Por eso rezar no es difícil. Simplemente decir “dame” bien es rezar. ¿Ustedes piensan así? “Bueno, soy ya mayorcito. Él dijo que no dijéramos lo mismo una y otra vez. Y la Biblia dice que debo ir a mi habitación para rezar, pero si voy a mi habitación, no puedo rezar porque me entra sueño”. Rezar y pedir ayuda en nuestro corazón “danos, danos” es rezar.

Desde que empecé a rezar, me he dado cuenta de que a Él no le gustan las oraciones con frases floridas. Cuando armamos un alboroto con “Nuestro santo, benevolente, lleno de gracia y omnipotente Dios Padre…” entonces Dios se pone impaciente diciendo: “¿Cuál es el objetivo último?”. No importa cuanto alboroto armemos con nuestras aptitudes del habla, si no le decimos el objetivo, no valen para nada. Cuando estamos desesperados debido a nuestra absoluta necesidad, el punto principal sale inmediatamente: “Dame esto”. Es mejor utilizar una frase corta cuando pedimos. Cuando la hacemos innecesariamente larga para que quede bonita, llegamos a olvidar por qué rezamos. “¿Por qué estaba rezando? Oh, maldita sea. No lo sé”. Entonces rezamos por algo disparatado, y acabamos rezando por otras personas y no llegamos a las oraciones necesarias para nosotros mismos. ¿No hacen eso a veces?

Cuando abrimos la escuela de la misión, al principio solíamos sentarnos en círculo para rezar después de una clase. A veces rezábamos juntos y otras veces lo hacíamos por turnos. Rezábamos durante tanto tiempo, a veces incluso más de dos horas, que nos dolía la espalda. Sin embargo, rezábamos diligentemente. El que dirigía la oración, iba sacando asuntos para rezar y todos íbamos rezando por turnos. Algunos hermanos y hermanas se quejaron de que les dolía la espalda después de tan larga reunión para rezar.

Una vez me contaron un episodio sobre un mayor de una iglesia que rezó en un culto matinal durante más de tres horas extrayendo pasajes desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Sus oraciones no cesaban hasta tal punto en que todo el mundo de la iglesia se fue a casa para desayunar y cuando volvió, el mayor estaba todavía rezando. En general, la gente así no reza mucho en casa o en cualquier otro sitio. Rezan durante mucho tiempo para compensar por su falta de oración, cuando se les pide que recen en los cultos. Sin embargo, no es así como deberíamos rezar. Una oración corta es una buena oración. Si la estiramos como si estirásemos una cinta elástica, nos olvidamos de lo que realmente estamos rezando.

A veces rezamos juntos con unos cuantos asuntos de oración. Si el que dirige dice muchos asuntos al mismo tiempo, para ser honesto, a veces no me acuerdo de los primeros asuntos y sólo me acuerdo de los últimos. Cuando esto ocurre empiezo a rezar por los últimos. “Dios dame esto, dame aquello”, cuando rezo así, a veces no logro recordar los primeros asuntos de la oración.

“Dios Padre, danos nuestro alimento diario, danos las cosas materiales de hoy, danos salud, danos la fuerza para hacer la obra de Dios, danos bendiciones, danos fe, ayúdanos a llevar a cabo la justicia con fe. Ayúdanos a no malgastar nuestra vida”. —Rezamos extendiendo la idea principal de esta manera.

Rezar con fe no es difícil. Si hemos sido salvados, entonces Dios es nuestro Padre. Avergonzarse de llamar al Padre, “Padre” es extraño. ¿Es Jesús el Padre? ¿Es el Padre de Jesús el Padre? Si el Espíritu Santo es Dios, entonces ¿es el Espíritu Santo el Padre? Cuando piensan en esto, les da dolor de cabeza. Queridos hermanos cristianos, el Dios de la Trinidad es todo nuestro Salvador y todo nuestro Padre. Algunos, después de haber creído en Jesús durante 20 años, todavía no lo entienden y por tanto todavía están confusos sobre si Dios es el Padre, o Jesús es el Padre, o el Espíritu Santo es el Padre. Todos significan lo mismo.

Dios Jehová significa “el Dios que existe”. Dios no es una creación. Jesús es nuestro Salvador y el Espíritu Santo es el Espíritu Santo de Dios, entonces son todos el mismo Dios en Su Divinidad y no hay necesidad de complicarlo más. Simplemente crean que “Dios lo dijo, por tanto es correcto”. Si hemos nacido de nuevo de verdad y hemos recibido la remisión de los pecados, todo nos está permitido. Sabiendo esto espero que todos se conviertan en santos de Dios y en siervos y siervas de Dios, rezando siempre por el alimento diario.

Volvamos de nuevo al tema principal. Estamos hablando de Su enseñanza: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Ha muchas ofensas que otros cometen contra nosotros, y muchas ofensas que nosotros les hacemos a ellos. Sin embargo ¿borró Dios todos nuestros pecados y los pecados de los otros o no? —Él los borró todos. Si Él los borró todos, ¿no deberíamos perdonar de corazón a aquellos que nos ofenden? —Deberíamos perdonarles. Esta es la premisa que debemos rezar: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Cuando Dios ha perdonado todos nuestros pecados, si no podemos perdonarnos unos a otros, no es correcto como hijos de Dios. Por eso Él dijo esto.

Por tanto, debemos rezar para que cuando hayamos escogido el mal camino y el mal se hace más fuerte y nos hace caer en él, e intentamos castigar a otros, y ganar a otros, y guardar rencor a alguien: “No me dejes caer en el mal. No me dejes caer en la tentación y no me dejes meterme en problemas debido a mi carácter carnal, que se convierte en un escollo para el Evangelio, en vez de ser un beneficio. No me dejes caer en la tentación y meterme en problemas para que la iglesia, otros cristianos y yo mismo no suframos daño alguno por ello. Protégeme para no caer en el mal. Ayúdame a controlar mi corazón. Dame fuerza. Dame fuerza para poder llevar a cabo la obra de la justicia de Dios”.

El nos dijo que perdonásemos, amásemos, tolerásemos y rezásemos por otros. Debemos rezar por todo el mundo: “Dios, dale fe para que sea salvado de todos sus pecados. Su comportamiento es regular, pero por favor sálvale”. Tenemos que rezar así. ¿Podemos rezar por todo el mundo o no?— Si podemos—. Podemos perdonar y amar a todos en nuestro corazón dentro del hermoso Evangelio del agua y el Espíritu.

De verdad, la gente justa no debería caer en el mal. Es bueno caer en la justicia, pero, ¿es bueno caer en el mal? ¿Deberíamos emborracharnos y molestar y pegar a la gente? No, no debemos hacerlo. Si tienes esa energía, úsala para la obra de Dios. Debemos utilizar esa energía diligentemente para la obra de Dios, y obrar con diligencia por la voluntad del Señor, en vez de pelearnos. Por eso Dios nos dije que recemos por estas cosas para no caer en el mal. No debemos caer en el mal.

Hay mucha gente escandalosa en este mundo. Cuando nos encontramos con esta gente, si no parece que nos vayan a beneficiar, es sabio meter la cola entre las piernas y evitarla.

¿Por qué añadió Dios este verso al final de la oración del Señor? “Porque si vosotros perdonáis a otros sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas”. Esto quiere decir que una persona justa debe vivir como una persona justa con fe. Si recibimos la remisión de los pecados ante Dios, también debemos perdonar a todos nuestros hermanos y hermanas, así como también a aquellos que no han nacido de nuevo todavía. Si no tenemos un corazón misericordioso, debemos pedir ayuda: “Dios Padre, dame un corazón misericordioso”. Para instarnos a vivir así, Dios añadió esta enseñanza al final.

¿Es difícil rezar o no? No es difícil. La esencia de la oración es la fe— fe en que Dios es mi Dios, mi Salvador y mi Padre. Él nos creó y nos salvó de todos nuestros pecados. Si es así, nosotros, los nacidos de nuevo somos Su pueblo, Su familia y Sus hijos, de manera que es natural que le llamemos Padre. Además es justo que le agradezcamos por ser Su pueblo.

Debemos rezar para no caer en el mal y en la tentación y entrar en el mal camino. Jesús nos enseña qué rezar primero: “Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. ¿Hay algo que necesiten? Entonces, recen y vivan por el Reino de Dios primero. Su Padre se lo dará todo. Esta es la promesa de Dios.

Entonces, debemos creer en esto, buscar la obra de Dios primero, aun cuando en verdad tengamos defectos, intentar vivir según la voluntad de Dios primero y pedir ayuda a Dios. Deberíamos desear siempre crecer en espíritu y ser leales a la obra de Dios al recibir Su gracia y Su ayuda aunque tengamos defectos. ¿Entienden? —Sí—. ¿Creen? —Sí—.

Cuando rezamos todos juntos, debemos rezar cuidadosamente en voz alta. Cuando hagan esto, sus pensamientos estarán organizados para poder desarrollar la fe, diciendo: “He rezado así, y creo así”. Y cuando Dios contesta, sabemos que “la respuesta viene de Dios porque recé así”, así nuestra fe aumenta. Por eso es bueno rezar claramente con nuestros labios.

Además cuando rezamos, es posible rezar por las mismas cosas una y otra vez, pero no deberíamos rezar con formalidades. A veces, el corazón dicta una cosa, pero algunas cosas extravagantes pueden salir de nuestros labios. Cuando esto pasa, debemos corregirlo con palabras. Dios ve, conoce y obra en el centro de nuestros corazones, pero es importante confesar correctamente con nuestros labios. Por tanto la Biblia dice: “Porque con el corazón se cree para la justicia, y con la boca se confiesa para la salud (salvación)”.

Y el Señor dice: “Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque esta es la Ley y los Profetas” (Mateo 7:12). Si realmente queremos recibir algo, debemos rezar. Si realmente queremos tener fe ante Dios, vivir con fe, vivir justamente, tener vida en abundancia para la carne y el espíritu, debemos pedir mucho de muchas cosas.

Déjanos vivir con esta fe. Déjanos vivir con esta fe y dar la bienvenida al Señor cuando vuelva. Esta es mi fe y esta es mi oración ante Dios. Y creo que se cumplirá.

Cuando nos dedicamos completamente a difundir el Evangelio verdadero por todo el mundo a través de los ministerios literarios, cantidades enormes de dinero se necesitan. En cuanto a las finanzas que son necesarias para la publicación, creo en que Dios se ocupará de ellas por nosotros. Dios ha provisto para todas nuestras necesidades hasta ahora, y sin duda nos apoyará suficientemente. Hemos sido capaces de hacer sus obras bien, y se han levantado innumerables cooperadores de entre los nacidos de nuevo a través de nuestra literatura cristiana. Pero el diablo también lo sabe e intenta obstaculizar nuestros ministerios. Me temo que el diablo intentará frustrar nuestro trabajo y darnos muchas dificultades. Por tanto, debemos rezar a Dios para que nos dé Su ayuda y Su protección.

Cuando publicamos libros, trabajamos con nacidos de nuevo en la mayoría de los casos, pero a veces, también trabajamos inevitablemente con gente que no lo es. Cuando estábamos editando la edición francesa de nuestro primer libro, invertimos una gran cantidad de esfuerzos, pero encontramos un error en la cubierta que está totalmente alejada del libro original. Por supuesto, el traductor francés lo hizo lo mejor que pudo a su manera, pero encontramos un error crítico en la portada, haciendo que el esfuerzo no valiera nada. Por tanto, debemos pedir a Dios que prevenga este tipo de pérdidas de ahora en adelante.

En estos momentos, las versiones en inglés y en español de nuestras series del Evangelio son las más populares. La siguiente versión más popular es la francesa. ¿Qué significa esto? En áreas en las que Dios hace grandes obras, el diablo también obra para frustrar nuestro trabajo. Por eso debemos rezar a Dios para que nos proteja del mal, y supervise y gobierne a esta gente que trabaja junto con nosotros para que todo salga bien. También debemos rezar a Dios para que ayude y proteja a los hermanos y hermanas y a los siervos y siervas, que se dedican a esta preciosa misión. Esta es nuestra oración.

Deben rezar también por ustedes mismos. ¡Dios será glorificado cuando lleven una vida justa! También deben llevar una vida justa de fe para que otros sean salvados a través de ustedes, y esa es la única forma de ser bendecido en carne y espíritu. Esta es nuestra oración Debemos conocer la necesidad de la oración y vivir rezando con fe.

Vivamos pidiendo a través de oraciones con la fe que cree siempre en Dios. Debemos vivir rezando para que Dios bendiga a los siervos y siervas y a toda la gente de Dios en zonas donde trabajamos por el Evangelio, y para que bendiga y provea todo para que la difusión de este Evangelio del agua y el Espíritu se lleve a cabo con fuerza.

 

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