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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

La enseñanza del Señor sobre la oración (1)


< Mateo 6:1-15 >

“Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los cielos. Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las cales, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve lo oculto, te premiará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tú cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo escondido, te recompensará. Y orando no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar. No os asemejéis pues a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis. Así pues habéis de orar:

Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad,

como en el cielo, así en la tierra.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy,

y perdónanos nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,

y no nos pongas en tentación,

mas líbranos del mal.

Porque si vosotros perdonáis a otros sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas.”



En nuestra iglesia hay un niño llamado Jin Woo Kim. Estaba a punto de morirse de una extraña enfermedad. Cuando fue hospitalizado la primera vez, ni siquiera los médicos conocían la causa y no sabían cómo curarle. No cesamos de rezar a Dios para que curara al niño. Y ahora el Señor ha llevado al niño a encontrar un médico mejor, y ahora su condición es más favorable. Cuando nos encontramos con tiempos difíciles, debemos hacer todo lo que podamos, pero antes de nada debemos acordarnos de rezar.

En Mateo 6:1, el Señor dice: “Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los cielos”. Esto significa que no debemos presumir de nuestra justicia delante de otros en nuestra vida religiosa. Estas palabras son tanto para los nacidos de nuevo como para los que todavía no han nacido de nuevo. Sin embargo, nosotros, los justos, debemos tener en mente estas palabras: “Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean”. El Señor dice que si llevamos a cabo obras justas para presumir delante de otros, después no seremos recompensados por el Padre que está en los cielos.

Podemos encontrar un tema común en la lección de las Escrituras de hoy. Esta es que hagamos lo que hagamos no debemos hacerlo delante de otros para presumir de nuestra justicia. El Señor dice que debemos creer en Él y en Su Palabra en nuestros corazones, y de todo corazón hacer obras justas ante Dios que nos ve en la intimidad. Esto quiere decir que debemos hacer algo bueno de corazón, en vez de presumir. Sólo entonces Dios Padre nos recompensará, y podremos recibir la recompensa de Dios que nos devuelve el favor. En otras palabras, si vivimos una vida de fe sólo para presumir, no obtendremos la aprobación de Dios. Por mucho que un hombre intente hacer algo bueno, no será aprobado por Dios si se ha hecho para presumir.

Entonces, ¿todo lo que hacemos es hipócrita si otros lo saben? No, no es así. Lo sepan otros o no, si un hombre lleva a cabo justicia por su fe, entonces lo hace por fe y no para presumir. Todo lo que no se hace con fe y un corazón confiado es hipócrita. No importa si las otras personas llegan a ver nuestras buenas obras o no. En resumen, llevar a cabo la Palabra de Dios ante Él por fe es siempre aprobado por Dios, pero cualquier cosa que hagamos para ganar la aprobación de otros, antes que Dios, es presumir.

Dios no recompensará la fe hipócrita, y por eso debemos evitar este tipo de fe en nuestra vida religiosa. Tenemos que recordar esta lección cuando hagamos una obra de caridad o cuando recemos.



Así es como Él quiere que recemos

En Mateo 6:5-6 está escrito: “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tú cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo escondido, te recompensará”.

Cuando rezamos, ¿qué es lo que de verdad necesitamos? Debemos rezar con el corazón de un niño pequeño ante Dios. “Dios me falta esto. Dame esto”. “Dios Padre tengo un problema, por favor ayúdame”. Rezar con el corazón de un niño es rezar así, y es posible cuando tenemos una fe simple. Por tanto, cuando recemos o llevemos a cabo obras justas, debemos hacer estas cosas porque tenemos fe en nuestro corazón.

El Señor también dijo: “Tú, cuando ores, entra en tú cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo escondido, te recompensará” (Mateo 6:6). Cuando recemos a Dios, debemos entrar en la habitación secreta de nuestro corazón para orar a Dios que está en el lugar secreto. Dios Padre escucha nuestras oraciones y nos recompensa cuando sólo miramos hacia Dios y le pedimos a Él en Su presencia. En otras palabras, cuando rezamos a Dios, rezamos a Dios que está en un lugar secreto, y por tanto no debemos presumir delante de otros. Esto no quiere decir que sólo podemos rezar en secreto, más bien que no debemos rezar para ser vistos por otros, sino rezar con el corazón que pide a Dios porque realmente le queremos a Él en nuestros corazones.

¿Qué han aprendido de la lección de la Escritura de arriba? Hemos aprendido que el Señor aborrece a los que alardean. ¿Por qué no le gustan a Dios los que alardean?

La gente se reúne y grita: “Señor” tres veces muy fuerte, y dan golpes en el púlpito, y mucha gente se arrepiente en agonía, diciendo: “Señor perdóname. He pecado”. La gente grita así, pero en cuanto salen de la iglesia, ríen. Lloran por un momento y al rato están dando palmadas y armando alboroto. Porque todo el mundo en este tipo de culto está en un estado mentadle enajenación, incluso una persona cuerda piensa: “Me estoy volviendo loco Siente que me estoy volviendo loco, viendo a gente llorando y al momento siguiente riéndose”. Por eso la gente con sentido común no va a iglesias como esas. Dios aborrece a gente así sobretodo, aparta Su cara de ellos y los llama hipócritas.

Entonces, ¿Quiénes son los que lloran y gritan y rezan, pero cuando llegan a casa no quieren saber nada del Señor? Muchos de estos están poseídos por demonios. En sus reuniones, incluso los líderes están poseídos por demonios y hablan en lenguas que nadie puede entender. A veces incitan a sus seguidores a un estado de excitación cuando efectos sonoros con el micrófono, diciendo: “¡Recibid fuego! ¡Fuego-fuego-fuego!”. Confunden a la induciéndoles a rezar envueltos en lágrimas, y al instante siguiente a alabar a Dios en bulliciosa locura.

Este tipo de comportamientos son alardes que no tienen nada que ver con la voluntad del Señor. Si leemos la Palabra de Dios, podemos ver que a Dios no le gustan los que alardean. Sólo rezar con fe dando nuestro corazón sinceramente a Dios complace a Dios. Dios sabe de antemano con qué clase de fe rezamos, y quiere oír nuestra sincera oración ante Él.

Debemos cambiar nuestra actitud de oración ante nuestro Señor. Todo lo que debemos hacer es ser honestos y simple al pedir: “Señor, no tengo esto. Por favor dámelo”. Es porque nuestra fe no es suficientemente fuerte que usamos muchas frases floridas al rezar. Si seguimos escuchando la Palabra de Dios, nuestra fe en Dios también crece. Cuando nos aferramos a la Palabra de Dios, y cuando recibimos respuestas a nuestras plegarias que ofrecemos con fe, estamos todavía más agradecidos a Dios. Y cuando aprendemos más sobre Dios, creemos hasta llegar a ser una persona de fe. Entonces llegamos a rezar a Dios más y más, y nos convertimos en una persona que sólo reza a Dios y a nadie más. A veces, rezamos a Dios de acuerdo con algunos asuntos. En realidad, hay veces en que rezamos en voz alta, pero no para que otras personas escuchen nuestras oraciones, sino para que Dios las escuche. Las verdaderas oraciones se hacen con una fe simple como ésta: “Dios, ayuda a tal y cual porque está en esta condición. Cura a fulanito y menganito. Dale a este y aquel salud. Bendice a tal y cual porque está es esta situación”.

Antes de nacer de nuevo, solía rezar con muchas frases floridas como ésta: “Padre nuestro, eres santo, misericordioso y bendito. Gracias por el amor y la misericordia que Dios Padre nos da…”. Solía formar todo tipo de palabras floridas cuando rezaba. ¿Son tales oraciones para el Señor que está en lo secreto? Si rezamos constantemente así, ¿nos escuchará el Señor? ¿De verdad tenemos tantas cosas por las que rezar? No lo creo. El Señor dijo: “No seáis tan habladores como los gentiles o los fariseos. ¿Creéis que sólo os puedo oír si decís muchas palabras?” Y Él dijo: “No os asemejéis pues a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis” (Mateo 6:8). Esta es la oración que el Señor nos enseñó como ejemplo de cómo debíamos rezar.



La oración del Señor nos anima a rezar por el perdón de los pecados primero

En Mateo 6:9, el Señor nos enseña como rezar con Su ejemplo de oración. Esta es el objetivo de la oración del Señor. Él dijo: “Así pues habéis de orar”. Lo primero es: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. Esto quiere decir que debemos rezar para que el nombre del Señor sea santificado. Aquí, los que no han recibido la remisión de los pecados todavía deben saber que tienen que rezar primero para recibir la remisión de los pecados, porque así es la oración que honra al nombre del Señor. Por tanto, un pecador debe rezar así primero: “Dios, por favor, borra mis pecados. Hazme un hijo de Dios”. Así es como deberían rezar primero. También deben rezar así: “Por favor ayúdame a nacer de nuevo al escuchar el Evangelio del agua y el Espíritu. Ayúdame a creer en todas Tus palabras. Ayúdame a entender cada palabra de Dios”. Así es como debemos rezar primero.

Sin embargo, sólo nosotros, los justos que hemos recibido la remisión de los pecados, podríamos rezar la oración adecuada y vivir una vida digna de acuerdo con la primera línea de la oración del Señor: “Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea Tu nombre”. En realidad, si queremos evitar manchar el nombre de Dios y vivir una vida santa, debemos pedir ayuda a Dios así: “Por favor, no me dejes ser un escollo manchar Tu nombre. Ayúdame a vivir una vida santa mediante la fe durante toda mi vida. Ayúdame a vivir una vida santa por la justicia de Dios”. Debemos rezar para que nos sostenga en todo momento mientras pedimos ayuda para glorificar el nombre de Dios.

Él nos dio a nosotros, los justos, el primer asunto de la oración para vivir una vida santa para que Su nombre sea santificado. Ya que los pecadores no pueden llamar a Dios su Padre, primero deben rezar por la remisión de sus pecados: “Por favor, borra mis pecados. Déjame entender el Evangelio del agua y el Espíritu que me has dado. Déjame recibir la remisión de los pecados al conocer y creer en la Verdad de Tu Expiación”. Para poder glorificar el nombre de Dios, como se dice en la primera línea de la oración del Señor, todo pecador debe rezar a Dios por la remisión de los pecados primero.



Debemos vivir una vida en oración para el Reino de Dios en la tierra

¿Cuál es la segunda parte de la oración? Es: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra”. Debemos rezar para que el Reino de Dios sea establecido en la tierra. Nuestro Padre, Dios, envió a nuestro Señor y borró todos nuestros pecados de una vez por todas a través del bautismo y la sangre en la Cruz de nuestro Señor. Por tanto, tenemos al Espíritu Santo en nuestros corazones, y el Reino de Dios se encuentra en nuestros corazones espiritualmente.

Sin embargo, hay todavía mucha gente que no ha recibido la remisión de sus pecados en sus corazones y todavía luchan contra sus pecados. Es porque el Reino de Dios no está todavía en sus corazones y por eso deben rezar por el perdón de sus pecados primero. Nuestro Señor ha borrado todos los pecados del mundo al haber sido bautizado por Juan y crucificado 2000 hace 2.000 años. No obstante, hay todavía mucha gente que tiene pecados porque no conoce ni cree esto. Por eso debemos rezar para que esas personas reciban la remisión de sus pecados por completo.

Dios es el único Maestro de todo ser humano. Sin embargo, la verdad es que muchas personas en este mundo caen en las manos del diablo y viven como sus siervos en vez de servir a Dios. El Señor odia con toda su alma esta degradación, y desea profundamente que todas las criaturas que Él creó crean en Sus palabras, nazcan de nuevo y se conviertan en Su pueblo. Por tanto, debemos rezar para que el Reino de Dios venga a los corazones de todos nosotros antes de que venga Su Reino Milenario y el fin del mundo. Dios quiere que recemos para que cada todos recibamos la remisión de los pecados, y así el universo entero sea un Reino en el que Dios reina; y que todo esto se cumpla. Por tanto, Dios nos cuenta con nosotros, los nacidos de nuevo, para la expansión de Su Reino. En otras palabras, nosotros, los justos, debemos rezar por la expansión del Reino de Dios.



Debemos vivir una vida de fe por el Alimento de la Vida

Leamos Mateo 6:11, que es el tercer asunto del que trata la oración del Señor: “El pan nuestro de cada día dánosle hoy”. Debemos rezar por la comida diaria que comemos. Pero esto también significa que debemos pedir al Señor por el alimento de la vida eterna. Nosotros necesitamos tomar alimentos tanto para el cuerpo como para el espíritu. Entonces debemos rezar: “Danos alimento para nuestro cuerpo y nuestro espíritu”. Lo que pedimos no es la cantidad para un año o para un mes, sino que pedimos lo que necesitamos para nuestra carne y nuestro espíritu todos los días.

Queridos hermanos cristianos, necesitamos rezar a Dios por nuestro pan cada día. No está mal que recemos a Dios por nuestro alimento para la carne y el espíritu. Debido a que nos convertimos en la gente que cree en el Evangelio del agua y el Espíritu y así obtuvimos el privilegio de pedir a Dios Padre todo lo que necesitamos, debemos rezar de acuerdo con este tercer asunto. Aquellos que creen en el Evangelio del agua y el Espíritu son claramente gente que trabaja por la justicia de Dios, y por tanto deben rezar a Dios para que Dios ayude con las cosas materiales necesarias para el Evangelio del agua y el Espíritu, para bendecir las obras en proceso. Es correcto que los justos vivan por la justicia de Dios y vivan adecuadamente por la difusión del Evangelio del agua y el Espíritu. No es que sólo recemos la oración del Señor una sola vez en la vida, sino que debemos rezar por dichos asuntos todos los días.

Si rezamos a Dios para que nos de el alimento diario, Dios nos contestará. Cuando rezamos de corazón, podemos experimentar la provisión de alimento para la carne y el espíritu en la iglesia de Dios. Él nos suficiente alimento para que los siervos de Dios, Su pueblo y todos los cristianos puedan reunirse en Su Iglesia y vivir en unión los unos con los otros para trabajar por el Evangelio, alabar o servir al Señor. Dios nos da alimento espiritual todos los días cuando escuchamos los sermones de Sus siervos, los testimonios de los santos, e incluso cuando meditamos sobre la Biblia por nuestra cuenta.

Nosotros, los justos, a menudo podemos obtener más alimento espiritual de nuestras vidas diarias que leyendo la Palabra de Dios. El Espíritu Santo en nuestros corazones se complace y está contento siempre con nuestra obra espiritual que complace a Dios Padre. Y lo que hace que es Espíritu Santo esté contento en nuestros corazones es el mismo alimento diario para nosotros. Si rezamos cada día al Señor: Danos el alimento y no hacemos nada, esta no es una auténtica oración. Si han rezado a Dios, deben anticiparse a cómo Dios contestará a la oración y hacer lo posible en nuestro lugar, para que Dios pueda obrar a través de nosotros. Si no trabajamos por el Evangelio del agua y el Espíritu y esperamos que Dios nos de el alimento espiritual mientras nos quedamos sentados, entonces estamos nos estamos burlando de Dios.

A menudo nos reunimos en la Iglesia de Dios para los cultos. Este exactamente el alimento que podemos comer, y no sólo escuchar las palabras en la iglesia, sino hacer la obra del Señor según Su voluntas, este es exactamente nuestro alimento espiritual. Si una persona justa no hace la obra de Dios después de recibir la remisión de los pecados, su fe muere tarde o temprano y acaba dejando la Iglesia de Dios. Algunas personas pierden incluso la fe que cree en la Verdad de la perfecta salvación de Dios. Por tanto debemos hacer la obra justa de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu para obtener nuestro alimento diario.



Los que se han convertido en justos por la fe deberían poder perdonarse los unos a los otros

Está escrito en Mateo 6:12: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Este es el cuarto asunto de la oración del Señor. Podríamos malinterpretar este cuarto asunto creyendo que debemos arrepentirnos y ser perdonados cada día. Sin embargo, este cuarto asunto no trata de ser perdonado cada día. El cuarto asunto es condicional. Ya que hemos recibido la remisión de los pecados de Dios de una vez por todas al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos también vivir por la justicia de Dios perdonando a aquellos que nos han hecho mal. Debemos perdonar a la gente que nos ha hecho mal tal y como el Señor ha perdonado todos nuestros pecados incondicionalmente mediante el agua y la sangre. Lo que estas palabras de Dios nos dicen es que debemos cancelar las ofensas que han cometido contra nosotros porque Dios nos ha perdonado todos nuestros pecados.

Imaginen que tenemos una deuda de 5.000 millones de dólares, que es una cantidad de dinero muy grande y que no podríamos pagar ni aunque trabajásemos durante todas nuestras vidas. El precio del pecado de cada uno de nosotros sería esa cantidad. Pero Dios, se apiadó de nosotros y canceló la deuda de nuestros pecados incondicionalmente. En vez de decir: Lo considero pagado, Dios Padre envió a Su Hijo, hizo que lo bautizaran, que tomara sobre sí mismo los pecados del mundo, y que fuera crucificado. Por tanto, pagó el precio de nuestros pecados y nos salvó mediante el bautismo de Jesús y Su sangre en la Cruz. Así es como el Señor canceló nuestra deuda al creer en Su remisión de los pecados. Recibimos la remisión de los pecados sin hacer nada para borrarlos, sino solamente creyendo en la Verdad. Mediante la fe que tenemos, hemos recibido de Dios el regalo de la salvación y la limpieza de todos nuestros pecados. Debido a que Jesús pagó la deuda de 5.000 millones de dólares que nosotros no pudimos devolver a lo largo de nuestra vida entera; mediante Su bautismo y la sangre en la Cruz, nuestros pecados fueron cancelados sin tener que hacer nada, sólo por Su gracia.

Ahora, debemos cancelar las pequeñas ofensas que otros nos han hecho. Debemos vivir en la premisa del perdón mutuo. Al vivir con otros justos y pecadores, necesitamos perdonarnos por las ofensas que otros nos han hecho. Debemos perdonarnos según el Evangelio del Señor.

Estamos en deuda con Dios por nuestros pecados, pero el Señor vino a este mundo y perdonó todos nuestros pecados a través del bautismo que recibió de Juan, y Su sangre. El Señor vio nuestros pecados y nuestra impotencia, y entonces los borró todos de Su parte. Porque el Señor sabía que no podíamos ser justos aunque dedicáramos toda nuestra vida a ello, Él limpió todos nuestros pecados de una vez por todas mediante la Verdad del Evangelio del agua y el Espíritu. Dios Padre envió a Su único Hijo, Jesucristo, hizo que tomara todos los pecados del mundo mediante Su bautismo, que fuera crucificado y se levantara, y nos salvara perfectamente de nuestros pecados. Así Jesucristo se convirtió en nuestro Salvador eterno, que nos salvó de nuestro pecado eterno.

Hemos conocido al Señor, que está vivo, al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu. ¿Creen en el Evangelio del agua y el Espíritu como nuestra propia salvación en sus corazones? —Sí—. ¿Hemos recibido la remisión de los pecados al creer que Jesús perdonó todos nuestros pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu? —Sí—.

Entonces, ya que hemos sido perdonados por los pecados del mundo por la gracia asombrosa, tenemos que perdonar las ofensas que otros nos han hecho. El cuarto asunto de la oración del Señor es que nos perdonemos unos a otros. Llevar a cabo esta oración que el Señor nos impuso es el camino correcto para nuestra vida espiritual.

Aquí, en la cuarta parte de la oración del Señor, lo que debemos tener claro es que no recibimos la remisión de los pecados rezando oraciones de arrepentimiento. Algunos miran este pasaje que dice: “Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” y dicen: Mira esto. Uno recibe la remisión de los pecados cuando rezan oraciones de arrepentimiento. Pero este no es el caso. Esta falacia se debe a su interpretación errónea del Evangelio del agua y el Espíritu.

Esta línea dice exactamente que aquellos que han recibido la remisión de sus pecados mediante el Evangelio del agua y el Espíritu deben perdonarse unos a otros y cubrir las insuficiencias de cada uno. Los pecados del hombre no pueden ser perdonados con los labios, sino que requieren una expiación lícita: un animal lícito sin mancha, transmisión de los pecados mediante la imposición de manos, y su muerte vicaria que paga el precio del pecado. Jesucristo ha completado todas las premisas de nuestro perdón mutuo al borrar todos los pecados del mundo. Por tanto, a través de nuestra fe que nos ha dado la remisión de los pecados, debemos cancelar las ofensas de los otros mientras vivimos.



Debemos rezar para que Dios nos proteja en todos los sentidos

Mateo 6:13 se dice: “Y no nos pongas en tentación, mas líbranos del mal”. Tentación quiere decir, encontrar dificultades. Entonces “no nos pongas en tentación” equivale a rezar para prevenir la confusión y las dificultades. Cuando rezamos a Dios Padre, debemos rezar así: “Dios Padre, no dejes que encuentre dificultades, protégeme en toda situación peligrosa. Por favor, Dios, bendíceme, guárdame de hacer mal por tener demasiadas cosas materiales o por no tener lo suficiente, protégeme de la gente mala, y no me dejes caer en la tentación”. Debemos rezar a menudo para no caer en la tentación.

Debemos rezar cuidadosamente cada día desde la primera a la última oración. Si un hombre cae en la tentación, esto se convierte en una carga para la mente, y acaba muriendo. Por tanto debemos pedir a Dios cada día para no encontrarnos con dificultades.

Aún más, debemos salir de las dificultades en nuestros corazones manteniendo una relación de fe y verdad con los hermanos y hermanas en la Iglesia de Dios. La Iglesia de Dios es un lugar maravilloso para la hermandad entre los cristianos nacidos de nuevo. No es posible mantener una relación sincera y formal de hermandad entre gente que no ha nacido de nuevo todavía. Sin embargo en la Iglesia de Dios hay tantas personas como quieran para mantener una relación de hermandad.

Y, cuando intenten tener hermandad con alguien, es mejor hacerlo con alguien que sea un ligeramente superior espiritualmente. Esto es porque estas personas comparten con usted su conocimiento espiritual y sus experiencias, realistas y alcanzables, en detalle. Esto es bueno para nosotros a que hacen más fácil para nosotros el tomar alimento espiritual de fe al hablar con nosotros; y se pueden relacionar con nosotros de la manera más adecuada a nuestra situación. Sin embargo, si mantenemos una relación de hermandad con alguien que está mucho más adelantado en la fe que nosotros, esto no es beneficioso ya que podrían compartir demasiado alimento espiritual que fuera difícil de digerir para nosotros.

Esto se puede comparar con aprender a montar en bicicleta. El mejor maestro para un niño es su hermano o hermana mayor que acaban adquirir dominio en montar en bicicleta, en vez de sus padres. El que puede explicar a un nivel en el que el niño pueda entender es alguien que acaba de tener la misma experiencia. Si un padre fuera a enseñar a su hijo pequeño a montar en bicicleta, él podría montar en una bicicleta grande, a su medida, y desanimar al niño que intenta aprender. El niño puede aprender rápido observando a sus hermanos y hermanas mayores montando en una bicicleta más pequeña y animados piensan: Yo puedo hacer eso. Los hermanos mayores pueden ayudar al niño con instrucciones prácticas. La bicicleta grande del padre podría dejar al niño estupefacto que intenta aprender de su padre incluso antes de montarse en la bicicleta.

Esto es igual en nuestra hermandad en la fe. La persona que puede ayudarnos a crecer en la fe paso a paso de la forma más realista y práctica a mi nivel, es alguien que acaba de recorrer el mismo camino. La hermandad es más beneficiosa cuando es con alguien que pasó por lo mismo inmediatamente antes que yo.

Debemos rezar siempre: “Y no nos pongas en tentación, mas líbranos del mal” con fe en el Evangelio del agua y el Espíritu. El mayor peligro de estar en manos del mal es que no nos damos cuenta de que estamos en peligro. ¿Cómo de peligroso es esto? Por tanto, debemos rezar para no caer en manos del mal, y para que Dios nos salvé del mal. Y si notan que están en tentación, salgan de ella tan pronto como sea posible mediante su fe.

Mateo 6:14-15 dice: “Porque si vosotros perdonáis a otros sus faltas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas”.

Debemos perdonarnos unos a otros. De hecho, los que han nacido de nuevo son buenos perdonando. Sin embargo, entre nosotros, los justos, la parte más difícil es perdonar a alguien. Quizás es por eso que nuestro Señor lo reitera aquí. ¿Perdonan fácilmente a los otros cuando ven sus faltas, errores y flaquezas?

Ya que algunas cosas son irrevocables, podemos sentirnos heridos en el corazón, pero olvidamos fácilmente. Cuando la otra persona realmente se arrepiente de lo que ha hecho y cambia su corazón, no hay nada que no podamos perdonar. Cuando vuelve y cambia su comportamiento, no hay nada que no podamos aceptar.

Sin embargo hay muchos que no pueden hacer esto. Aquellos que caen en la tentación y en el mal, llevan a otros a la tentación, en vez de perdonarlos. Por tanto, no debemos llevar a otros a la tentación debido a las dificultades y situaciones en las que nos encontramos. Los que confunden a sus hermanos creyentes y se levantan contra Dios, terminaran sin duda en la destrucción.

No debemos llevar nuestra vida religiosa para presumir de nuestra fe. Para evitar problemas, hagamos bien o mal, debemos considerar las cosas ante Dios. Cuando lo hacemos, si nos damos cuenta de corazón que hemos hecho mal, todo lo que tenemos que hacer es admitir lo que estaba mal diciendo: “Ha estado mal”. Si escuchamos palabras de disculpa o perdón o admitiendo las faltas cometidas, debemos dejar de estar enfadados desde corazón y perdonar. Jesús dijo: “Sea vuestra palabra: sí, sí; no. No; todo lo que pasa de esto, de mal procede” (Mateo 5:37). No necesitamos explicaciones o excusas. Lo único que debemos hacer es considerarlo ante Dios admitir nuestros errores, si los ha habido.

Cuando escuchamos toda la historia de un hermano, si ha hecho mal, todo lo que tenemos que hacer es decirle “eso está mal”, para que él lo admita. Todo lo que debe hacer es considerar estas cosas ante Dios, mirar hacia el Señor que ha borrado incluso estas faltas con Su bautismo y Su sangre en la Cruz, y mantenernos en la fe de nuevo. Cualquiera que sea el error cometido, tenemos que mantenernos en la fe en la justicia de Dios, dar gracias a Dios que borró nuestros pecados, y ser mejores en el futuro.



Resumen de la oración del Señor

Debemos rezar según el primer tópico de a oración: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. Para un pecador que todavía no ha nacido de nuevo, la primera parte de la oración: “Santificado sea tu nombre” es lo mismo que rezar: “Ayúdame a recibir la remisión de los pecados para que puede glorificar el nombre de Dios”. Pero para nosotros, los nacidos de nuevo, que hemos recibido la remisión de los pecados, esto equivale a rezar: “Ayúdanos a vivir una vida adecuada, una vida justa para glorificar a Dios, y también a vivir así”. Sin embargo, los que no todavía no han nacido de nuevo deben rezar primero por la remisión de los pecados para poder glorificar a Dios.

Por tanto, los justos deben rezar de esta manera: “Por favor, déjame vivir una vida santa. Por favor, déjame vivir una vida de fe. Por favor, no me dejes manchar Tu nombre”. Acercarse a un pecador y aprobar su fe para poder trabajar juntos como una persona justa es un comportamiento ingrato hacia Dios y mancha Su nombre. No debemos hacer eso. Debemos luchar contra aquellos que se levantan contra Dios. Hacer las paces con ellos y buscar la hermandad es un gran pecado contra Dios. Por tanto, trabajar por el Evangelio con fe en unión con aquellos que tienen fe es justo. Armonizar nuestros corazones con pecadores es caer en el mal y manchar el nombre del Señor.

¿Qué sería de nosotros si colaborásemos con un espía que viene a nuestro país para obtener información importante a escondidas? Esto nos haría tan malos como el espía y como un traidor que vende a su país. Esto es lo que hace un traidor, que no sabe cuál es su sitio y colabora con el enemigo para vender a su país, y este pecado no puede escapar el castigo de la muerte.

La segunda línea de la oración del Señor es: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra”. Esto es para que los justos recen por las almas de los que todavía no han recibido la remisión de los pecados. Es para rezar que la voluntad de Dios se haga en la tierra.

Entonces, ¿cuál es la voluntad de Dios? Es que toda vida reciba la remisión de los pecados. Debemos rezar a Dios para que nos ayude con eso. Debemos rezar por los trabajadores y por las cosas materiales, y después debemos dedicarnos plenamente al Señor y a hacer Su obra. Debemos dedicarnos plenamente y dedicar nuestro tiempo y esfuerzos, así como todo lo que nos pertenece para que la voluntad de Dios se haga en la tierra. Debemos vivir por la obra que llevará a todo el mundo a la remisión de los pecados. Debemos rezar por esto todos los días y esforzarnos para que la voluntad de Dios se haga en la tierra dando nuestro corazón y nuestro cuerpo en realidad.

Algunos, después de haber recibido la remisión de los pecados, ignoran la amonestación del Señor que nos enseñó a rezar por el Reino de Dios. Si un hombre que ha recibido la remisión de los pecados no reza por la difusión del Evangelio o no se une a la Iglesia de Dios para lograr este objetivo, entonces está en el lugar de un hombre malo. Un hombre así no debería esperar las bendiciones de Dios para la carne y el alma. Por tanto, en realidad, esas personas justas que no viven y rezan por la justicia de Dios viven alejados de la voluntad de Dios, y no están en unión con la voluntad de Dios.

Debemos rezar por nuestro alimento diario todos los días, como consta en el tercer asunto. Danos comida para que no nos muramos de hambre. Danos el alimento para la carne y el espíritu. “Bendice nuestros negocios para que podamos hacer la obra de Dios”. Debemos rezar por Sus provisiones para poder servir al Evangelio del agua y el Espíritu. Esta es la tercera parte de la oración.

La cuarta parte de la oración es que debemos perdonar a otros que nos han ofendido tal y como el Señor perdonó todos nuestros pecados mediante el agua y la sangre. Entre los hermanos y hermanas de nuestra familia que han recibido la remisión de los pecados, y los siervos y siervas de Dios, debemos perdonarnos nuestras ofensas tal y como el Señor borró todos nuestros pecados. Cuando uno dice: “Eso está mal”, la otra persona debería admitir: “Oh, sí, he hecho mal”. Entonces debemos perdonarnos unos a otros de corazón. Aunque no hable de ello más, creo que todos ustedes perdonan fácilmente. Por eso han vivido fielmente hasta ahora, ¿verdad?

Debemos rezar para no caer en la tentación, para no encontrarnos con dificultades, y para que el Señor mantenga sanos y salvos. La sexta parte de la oración es: “Mas líbranos del mal”. Debemos rezar para nacer de nuevo y no caer en la tentación de los malvados o ser cautivos de ellos, y para que Dios nos libre del mal cuando estamos en manos de los malvados.

Entonces el Señor dijo: “Debemos perdonar las ofensas de los otros”. Esto significa que los justos deben perdonarse unos a otros.

Nosotros, los justos, debemos rezar siempre de acuerdo con el modo en el que el Señor nos enseñó a rezar y a creer. Debemos rezar por estos asuntos cada día. Además debemos vivir de ese modo todos los días. Debemos rezar para poder perdonarnos unos a otros, para no caer en la tentación o en el mal, por alimento diario, y por el Reino de Dios en la tierra. Debemos vivir una vida de oración en las áreas en las que somos insuficientes para poder glorificar a Dios. El que reza cada día como el Señor nos enseñó es una “persona de fe”.

Queridos hermanos cristianos, si enseñamos el pasaje de la Escritura de hoy a aquellos que no han nacido de nuevo, ellos lo interpretan de forma diferente. Sin embargo, cuando los nacidos de nuevo toman el pasaje y lo examinan e interpretan, creo que ellos también admiten que los que he dicho hasta ahora no es incorrecto. ¿Ustedes también lo creen? —Sí—.

El primer asunto de la oración que Él dice que han nacido de nuevo es: “Santificado sea Tu nombre”. Sin embargo, en nuestra vida diaria, ¿hacemos, quizás, cosas que manchan el nombre de Dios en vez de glorificarlo? ¿Somos ustedes y yo gente que puede hacer todo bien al 100%? Incluso si no podemos glorificar al Señor, por lo menos no deberíamos manchar el nombre del Señor. Esto significa que en vez de ser un escollo para lo que la Iglesia de Dios intenta hacer, debemos respetar, amar, unirnos colaborar con Su Iglesia y Sus ministerios para que el nombre de Dios sea santificado.

Queridos hermanos cristianos, debemos rezar sinceramente por los hermanos y hermanas, los siervos y siervas, por el Reino de Dios, por la vida que no mancha el nombre de Dios, y por nuestro alimento diario. También debemos perdonar de corazón a todo aquel que nos ha ofendido, tal y como nuestro Señor borró todos nuestros pecados. Debemos rezar para no encontrarnos problemas.

Recemos para que nuestros corazones no caigan en la tentación. Si no escuchamos la Palabra, nuestros corazones caen en la tentación y no se encuentren en apuros. Cuando no hemos escuchado la Palabra, el alimento espiritual, nuestros corazones se ponen enfermos. Cuando esto ocurre, caemos en la tentación, en otras palabras, en problemas. Nuestros pensamientos carnales aparecen y controlan nuestros pensamientos espirituales. Cuando esto ocurre, ya que nosotros, que somos gente justa no podemos perseguir los deseos de la carne al 100%, nuestros corazones están en apuros porque tenemos que ir de un lado a otro, entre carne y espíritu. Por tanto, debemos tener cuidado de no encontrarnos en tal situación.

Para prepararnos para la salud espiritual, debemos venir a la Iglesia de Dios y escuchar la Palabra. Sin tener en cuenta quien predica la Palabra durante el servicio religioso, la Palabra se predica para una semana en la Iglesia de Dios. Aunque no hagamos ningún descubrimiento en particular, por lo menos podríamos librarnos de los posos de los pensamientos carnales mientras escuchamos la Palabra de Dios. Solamente podemos librarnos de la escoria de los deseos carnales y las faltas al oír la Palabra de Dios. Tal y como una corriente de agua fluye, el agua no sale podrida y con sustancias extrañas que corren en el agua, y la corriente se purifica; cuando escuchamos la Palabra, nos abre una ruta para el agua y nos libra de la escoria en nuestros corazones mientras fluye. Cuando nos deshacemos de los deseos carnales, aparecen nuevos pensamientos espirituales y ocupan el espacio vacante, y entonces nuestra mente esta salva y protegida.

Por tanto, debemos examinar tan a menudo como nos sea posible si hemos sido negligentes con cualquier asunto de oración escrito en la Biblia. Si hay algo en lo que hemos sido negligentes, debemos dejar de hacerlo de ahora en adelante. Debemos empezar a rezar por dichos aspectos, y tener más cuidado en ellos. Por eso el Señor nos dijo que no presumiéramos cuando rezamos, y nos enseñó a rezar en unos cuantos aspectos diferentes.

En la oración del Señor, todo queda cubierto. Esto nos enseña como podemos vivir una vida de oración. En realidad, la primera parte de la oración ya nos ha sido contestada. La remisión de los pecados en la primera parte de la oración se ha cumplido, pero ahora debemos rezar para poder vivir una vida santa. Por tanto, debemos escuchar la Palabra y difundir el Evangelio todos los días para mantener la santidad, para no convertirnos en esos que obstruyen la gloria de Dios. Para evitar ser uno de esos que obstruyen la gloria de Dios, debemos rezar cada día para que el Señor nos mantenga a salvo y nos bendiga.

No sólo nuestros cuerpos carnales tienen que comer, sino que también nuestros cuerpos espirituales deben comer. Para la gente justa, que ha recibido la remisión de todos sus pecados, escuchar la Palabra y rezar podría ser su alimento espiritual; pero en realidad lo que es alimento espiritual para ellos es difundir el Evangelio. Si termina en escuchar la Palabra y esculpirla en nuestros corazones, no puede ser alimento que de salud fuerte. Lo que es un nutriente de alta calidad que da salud a nuestros corazones es la fe que actúa. Cuando creemos en la Palabra de corazón y actuamos según esa fe, se convierte realmente en nuestra fe, y podamos mantenernos fuertes en fe, y podemos hacernos plenos espiritualmente para que esos nutrientes de alta calidad necesarios corran por nuestro cuerpo, y podamos crecer como gente de fe.

Si un malvado provoca molestias, debemos unirnos para repulsar el mal, y si alguno entre nosotros cayera en manos del mal, debemos unirnos para ayudarle. Debemos unirnos y defendernos rezando. “Dios, por favor, para esta tormenta espiritual del mal. Por favor, ayúdanos a todos nosotros”.

Debemos pensar en los asuntos de la oración en los que hemos sido negligentes, y si hay algún aspecto que hemos dejado descuidado, debemos cambiar y vivir una vida justa.

El Señor nos aconsejó que nos ayudáramos unos a otros, que nos amaramos, animáramos y reprendiéramos unos a otros, ya que el fin se acerca. Nosotros, los justos que hemos nacido de nuevo, debemos llenar nuestros corazones de fe, tirar unos de otros para seguir adelante y ofrecer un corazón generoso y amable. Si alguien está en apuros, en vez de aprovecharse de su situación, debemos ponernos en la piel del otro y rezar para que su problema sea resuelto. Esto es lo que deberíamos hacer como pueblo de Dios. Debemos tomarlo como nuestro propio problema e interactuar con consideraciones como: “¿Cómo me sentiría si yo estuviera en esa situación? ¿Qué haría yo?”. Si la otra persona no actúa como nosotros lo haríamos y no lleva una vida justa de manera que fuera intolerable, debemos rezar y aceptarle con la esperanza de que cambie.

Debido a que somos humanos con muchos defectos, a menudo cometemos errores intolerablemente horribles. Aun entonces, ya que Dios es el Juez en el juicio final, no es un gran problema si cambiamos apoyándonos en la Palabra que incluso borró esos pecados con la fe en Dios. Eso es porque si Dios dijo que no es nada, entonces no es nada. Debemos aceptarnos unos a otros con la fe que cree en el corazón del Señor, en el cual todos hemos sido aceptados.

Sea lo que sea, debemos tomar una decisión basada en un criterio que se centre en dios, rezar centrándonos en Dios, vivir centrándonos en Dios y vivir según la oración del Señor. No debemos ser de esos con una fe débil, que simplemente entienden la oración del Señor, sino que debemos convertirnos en personas con una fe fuerte con tiene una mente correcta, que actúan según la fe en la oración. Entonces nos convertiremos en los que viven de acuerdo con la oración del Señor creyendo en el Evangelio del agua y el Espíritu.

No podría estar suficientemente agradecido a Dios, quien nos ayuda a vivir de acuerdo con la voluntad del Señor.

 

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