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 Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong

 

Difundir el verdadero Evangelio y la obra justa de Jesús


< Mateo 3:1-17 >

“En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca’. Este es aquel de quien habló el profeta Isaías cuando dijo:

‘Voz del que clama en el desierto:

‘Preparad el camino del Señor,

haced rectas sus sendas.’’

Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero a la cintura y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Salían entonces hacia él Jerusalén y Judea en pleno y toda la región del Jordán, y eran por él bautizados en el río Jordán y confesaban sus pecados. Como viera a muchos fariseos y saduceos venir a su bautismo, les dijo: ‘Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que está a punto de llegar? Haced frutos dignos de penitencia y no os gloriéis diciéndoos: ‘Tenemos a Abraham por padre’. Porque yo os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos a Abraham. Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo, cuyas sandalias no soy digno de llevar; él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Tiene ya el bieldo en su mano, y limpiará su era y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible’. Vino Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se oponía diciendo: ‘Soy yo quien debe ser por ti bautizado, ¿y vienes tú a mí?’ Pero Jesús le respondió: ‘Déjame hacer ahora, pues conviene que cumplamos toda justicia’. Entonces Juan se lo permitió. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y he aquí que se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él, mientras una voz del cielo decía: ‘Este es mi hijo amado, en quien tengo mis complacencias.’”



En la Biblia, Juan el Bautista debió ser una figura extremadamente importante. Juan el Bautista clamó por el arrepentimiento del pueblo de Israel. Debemos recordar precisamente la obra de Jesús y Juan el Bautista. Jesús, que vino a este mundo, salvó a la humanidad, obedeciendo la voluntad de Dios junto con Juan el Bautista. Juan el Bautista y Jesús vinieron a este mundo y realizaron obras justas.

Juan el Bautista animó al pueblo de Israel a volver a Dios. Podemos ver en Mateo 3:7 que Juan el Bautista reprendió audazmente a los fariseos y saduceos diciendo: “Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que está a punto de llegar?” cuando los vio acercarse a él cuando estaba bautizando. Este Juan el Bautista reprendía al pueblo de Israel severamente como profeta: “¡Arrepentíos, raza de víboras!”. Juan el Bautista fue un profeta que realizó obras justas a los ojos de Dios y fue el último profeta del período del Antiguo Testamento.

Algunos se preguntan cómo Juan el Bautista, como profeta de Dios, pudo haber pronunciado tan horrible expresión como “raza de víboras”. Sin embargo, está escrito en la Biblia y en ella se dice que fue una obra justa a los ojos de Dios. Todos los profetas deberían ser gente que pudiera clamar por la justicia de Dios. Y vino Otro que realizó obras justas aparte de Juan el Bautista. Ese fue Jesús.

En la Biblia, los saduceos son políticos. Son políticos del mundo. Le dan más importancia a la política de este mundo que a servir a Dios. No obstante, los fariseos eran los líderes religiosos conservadores. Al mismo tiempo que decían que creían en la Palabra de Dios, negaban a Jesús.

Dios estaba muy disgustado cuando vio a esta gente. A los ojos de Dios, ¿son estas personas malas o no? Los fariseos y los saduceos son personas malas a los ojos de Dios.

Los fariseos no creían en Jesús como el Mesías. Por eso fue correcto que Juan el Bautista les llamase raza de víboras. Juan el Bautista no se comprometió con los hombres religiosos de la época. En vez de comprometerse con los fariseos y los saduceos, él intentó convertirlos reprendiéndolos como una raza de víboras. Juan el Bautista enseñó a la gente que estaba volviendo a Dios que arrepentirse no era suficiente, sino que necesitaban obtener los frutos de su arrepentimiento, y tenían que dejar de hacer el mal. Por ejemplo, tenían que volver y devolver todo el dinero que habían usurpado. Entonces podrían volver a él para ser bautizados y volver a Dios.

Si escuchamos sus reivindicaciones, podemos ver sin ninguna duda que él era un siervo de Dios. La época en que Juan el Bautista apareció, fue la época en la que Jesucristo empezó Su ministerio público. Por aquel entonces, no había habido un siervo de Dios para el pueblo de Israel durante 400 años. Por tanto, la aparición de Juan el Bautista fue también una oportunidad para que la gente de Israel oyese la Providencia y la voz de Dios.

Juan el Bautista clamó: “Raza de víboras, arrepentíos y volver a Dios. Dar la espalda a la idolatría. Tenéis que renunciar a los dioses extranjeros y volver a Dios para evitar el juicio de Dios”. Fue una bendición para el pueblo de Israel que un sirviente de Dios pudiera reprenderles y aconsejarles así. La nación entera estaba agitada por los gritos de Juan el Bautista. El milagro de los Sumos Sacerdotes, los saduceos y los fariseos yendo a Juan el Bautista, arrepintiéndose volviendo a Dios ocurrió.

Juan el Bautista testificó sobre las habilidades de Jesucristo: “Yo, cierto, os bautizo en agua con vistas a la penitencia; pero en pos de mí viene otro más fuerte que yo, cuyas sandalias no soy digno de llevar; él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Tiene ya el bieldo en su mano, y limpiará su era y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible” (Mateo 3:11-12). Él testifica que hace la obra de dios al volver a la gente hacia Dios, reprendiéndoles; pero el que viene detrás de él les bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.

Juan el Bautista dijo que la gente que es nacida de nuevo al creer en Jesús será reunida, como trigo, en el Cielo; y los que no son nacidos de nuevo serán separados con Su bieldo como paja y serán quemados en un fuego inextinguible.

Debemos saber que Juan el Bautista clamó por arrepentimiento en Dios, y que Jesucristo, cuando Él vino al mundo, recibió el bautismo de Juan el Bautista. Según el Evangelio de Lucas, Jesús tenía unos treinta años cuando fue bautizado (Lucas 3:23). Aquí, ¿por qué quiso Jesús ser bautizado cuando tenía treinta años? La razón por la que tenía “unos treinta años” es que uno debía tener treinta años para poder desempeñar Su tarea como Sumo Sacerdote. Dios dijo en el Antiguo Testamento que los hijos de los Sumos Sacerdotes eran capaces de asumir su responsabilidad cuando cumplían 30 años (Números 4:35). Del mismo modo, cuando Jesús cumplió 30, fue bautizado por Juan el Bautista.

Jesús recibió el bautismo de Juan el Bautista para cumplir toda justicia de Dios. Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para tomar sobre sí mismo los pecados de todos nosotros.

Sin embargo, algunos están confundidos y no entienden por qué Jesús fue bautizado por Juan el Bautista. El bautismo de Jesús por Juan es un secreto desvelado en la Biblia. Muchos no entienden el secreto del bautismo y malinterpretan por qué Jesús fue bautizado. Piensan que fue para dar ejemplo o mostrar modestia.

Debemos saber que Jesús vino a este mundo y fue bautizado para salvar a todos los de este mundo de sus pecados. Jesús cumplió la obra justa de tomar todos los pecados del mundo sobre sí mismo al ser bautizado por Juan cuando Él vino a este mundo. Esta obra justa es que Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre sí mismo al mismo tiempo al ser bautizado por Juan. El bautismo de Jesús fue para cumplir toda justicia de Dios y fue la voluntad de Dios, que le fue grata. Nuestro Señor vino a este mundo para salvarnos de todos nuestros pecados. Él fue bautizado para tomar mis pecados y sus pecados de una vez por todas a través de Su bautismo, y sangró por nosotros. El Señor tomó sobre sí mismo todos los pecados del mundo de una vez por todas.

En Mateo 3:15, toda justicia, quiere decir que Jesús tomó todos los pecados del mundo al ser bautizado por Juan, y sangró en la Cruz. En aquel momento, Jesús tomó todos los pecados del mundo sobre sí mismo, todos nuestros pecados. ¿Cuán afortunado es esto, y cuán agradecidos estamos?

Hermanos cristianos, ¿cometemos pecados en este mundo o no? Sí, cometemos pecados. De estos pecados, ¿cometemos sólo unos pocos pecados por aquí y por allá? ¿O pecamos en grandes cantidades? Ustedes cometen muchos pecados en este mundo, y sus pecados están incluidos en todos los pecados del mundo. Jesús tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas al ser bautizado por Juan el Bautista, y sangró en la Cruz de una vez por todas, y borró los pecados y el juicio.

¿Cómo podríamos ser ustedes y yo los que están sin pecado si Jesús no hubiera tomado todos los pecados, suyos y míos, de una vez por todas? Esta es la justicia que nuestro Señor cumplió al ser bautizado y al sangrar cuando vino a este mundo. Jesús es el Salvador que vino a este mundo como el Hijo de Dios y se encargó de los pecados del mundo y del juicio de los pecados por nosotros.



Lo que necesitamos recordar

Al recibir la Navidad este año, debemos recordar que Juan el Bautista y Jesús cumplieron la justicia de Dios que nadie más podía haber cumplido. Al recibir la Navidad, tenemos que pensar: “¿Cómo puedo unirme a la obra justa durante esta Navidad, al conmemorar a nuestro Señor que cumplió la justicia?”, en vez de: “¿Cómo puedo pasármelo bien? ¿Cómo puedo hacer que me queden buenos recuerdos?”. Podemos recordar con toda certeza la obra de Juan el Bautista y Jesús. Nosotros también deberíamos ser aquellos que piensan en Jesús y Juan el Bautista, quienes cumplieron toda justicia, en esta Navidad. Nuestras vidas deberían estar dedicadas únicamente a difundir la justicia de Dios. Tras recibir la remisión del pecado al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu, debemos continuar llevando una vida que difunda este Evangelio.

¿Quiénes seríamos si no nos ofreciéramos a este ministerio que difunde el Evangelio de agua y el Espíritu? ¿Cómo podemos esperar que Dios nos de Su bendición si no participamos en este justo ministerio? Debemos participar ya que sabemos que Jesús nos ha salvado al tomar sobre sí mismo todos los pecados de la humanidad. ¿No creen que es necesario difundir por todo el mundo el Evangelio del agua y el Espíritu? ¿Podemos hacer obras justas según la carne? ¿Podemos evitar cometer pecados al intentar no cometerlos? ¿Cómo podemos nosotros, los insuficientes, vivir una vida justa tras recibir la remisión del pecado? ¿Sería posible al difundir el Evangelio del agua y el Espíritu que nos salvó de los pecados del mundo a través de Jesús, que vino a este mundo, llevó todos los pecados a la Cruz, sangró y murió para que Él pudiera recibir el juicio de los pecados por nosotros? ¿Cuál sería verdaderamente la buena obra que ustedes y yo pudiéramos hacer en este mundo? ¿Estaría Dios contento con nuestro buen comportamiento y obras memorables?

La obra más justa para nosotros en este mundo es difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Lo que es justo es dedicar todo nuestro corazón y nuestras energías a difundir el Evangelio del agua y el Espíritu. Cualquiera que sea su apariencia, Dios sólo estará contento cuando se involucre en la obra de difundir el Evangelio del agua y el Espíritu.

¿Qué quiere decir lo que Jesús dijo cuando estaba siendo bautizado: “pues conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15)? Estas son las palabras del testimonio que nos dice que Jesús tomó todos los pecados del mundo que habíamos cometido sobre sí mismo a través del bautismo que recibió de Juan el Bautista. Cuando Jesús fue bautizado por Juan, todos los pecados del mundo fueron pasados a Jesús de una vez por todas. Jesús recibió todos los pecados del mundo, que son suyos y míos, a través de Su bautismo de una vez por todas. Así es como el cuerpo de Jesús pudo tomar todos los pecados del mundo sobre sí mismo, y así es como fue posible que Él se afrontara el juicio mientras Sus dos manos y Sus dos pies eran crucificados en la Cruz. Sin embargo, esto no significa que el pecado estuviera en Su alma. Debe creer que ha recibido la salvación al creer que Jesús vino a este mundo y cumplió la justicia de Dios, y que Juan el Bautista también participó en este maravilloso ministerio al pasar los pecados a Jesús a través de la imposición de manos.

Juan el Bautista hizo dos cosas como siervo de Dios, el mayor representante de entre los nacidos de mujer.

La primera fue apuntar la maldad de la gente. Clamó para que la gente volviera a Dios reprendiéndoles, diciendo: “Servir a otros dioses aparte de Dios es pecado”. La segunda fue bautizar a Jesús para pasar los pecados de todo el mundo. Esta es la justicia de Dios para ustedes y para mí. Esta es la misma justicia que el Señor vino a cumplir al mundo.

Jesús vino al mundo para recibir los pecados suyos y míos y los tomó sobre sí mismo. Y recibió el bautismo para tomar sobre sí mismo los pecados de todo el mundo, sus pecados, y los pecados de sus descendientes, y los pecados de los descendientes de estos, los pecados de sus padres, los de los ancestros de sus ancestros, los pecados de todos desde Adán mientras el mundo exista hasta el último día; aunque no sepamos cuando la tierra cesará de existir. Jesús recibió el bautismo para perdonar nuestros pecados y para limpiarnos de nuestros pecados.

La palabra “bautizar” significa “limpiar mojando o sumergiendo, lavar, limpiar con agua, lavarse, o bañar”. Por tanto, Jesús fue bautizado para tomar todos los pecados del mundo sobre sí mismo. Jesús limpió nuestros pecados al recibirlos a través de Juan el Bautista. Tal y como su ropa se queda limpia cuando la lava con agua, tal y como su suciedad se limpia cuando toma un baño con agua; Jesús limpió nuestros pecados al recibir el bautismo y tomar todos los pecados de nuestros corazones sobre sí mismo a través de Juan el Bautista.

Mis hermanos cristianos, ¿creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? —Sí—. ¿Creen que el Señor vino a este mundo, fue bautizado, y murió en la Cruz para cumplir la justicia de Dios?

Al recibir la Navidad debemos recordar a Jesús, nuestro Señor que cumplió la justicia por nosotros. Se dijo: “Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Al recibir la Navidad, debemos meditar qué es realmente justo, cómo podemos llevar una vida justa y creer firmemente. Ustedes y yo necesitamos mantener nuestra fe en Jesucristo en este mundo y un día volver a Dios. Debemos vivir la vida que tenemos en este mundo haciendo obras justas. ¿Qué tipo de obras tenemos que hacer ante Dios? Primero hemos de pensar en la justicia una vez. Antes de pensar si debemos o no vivir por la justicia de Dios, primero debemos pensar que es la justicia en sí.

Estoy enormemente agradecido a Dios al recibir esta Navidad. Y espero que ustedes hagan la cosa justa. ¿Qué tipo de cosa justa pueden hacer ante Dios? ¿Podemos hacer una cosa justa haciendo el bien con nuestra carne? Ni se les ocurra pensarlo. Intentar hacer cosas justas mediante la carne es como una torre construida sobre arena que se vendrá abajo en cualquier momento. Incluso aunque fueran buenos durante toda su vida, si hicieran un movimiento en falso, toda la justicia humana quedaría destrozada.

La verdadera justicia es difundir cada día el Evangelio del agua y el Espíritu, con el cual dios ha borrado todos nuestros pecados. Participar en esta difusión es participar en la obra de Dios. Ustedes y yo vivimos por el propósito de esta obra. Ya trabaje para una compañía o dirija su propio negocio, es justo para ustedes dedicarse plenamente al Evangelio del agua y el Espíritu. Si no lo pueden hacer ustedes mismos, es justo hacerlo a través de oraciones o pequeñas aportaciones materiales. Hagan lo que hagan, ya coman o beban, vivir para difundir este Evangelio es justicia.

Hermanos cristianos, aunque no hayamos leído la Biblia verso por verso, ustedes han oído estas palabras por lo general. Pienso que ustedes creen en estas palabras como la Verdad. ¿Creen en que Jesús vino a este mundo y cumplió toda justicia? ¿Creen en que el Señor ha cumplido la mayor obra que borra todos los pecados, suyos y míos? —Sí—.

Es tan afortunado que Jesús tomara todos los pecados sobre sí mismo, y estamos tan agradecidos de que Él cumpliera “toda justicia”. ¿Cuán miserable sería si Él hubiera tomado sólo algunos pecados y no otros? Sin embargo, cualquier pecado que hayan cometido, Jesús los tomó todos. Tengan una fe sólida. Espero que complazcan dios con su fe y que hagan obras justas mediante su fe. Espero que vivan mediante la fe. Y espero que vayan al Cielo por su fe. Espero que sean personas sin pecado por su fe. Espero que sean personas que reciban el Espíritu Santo al creer en el Evangelio del agua y el Espíritu.

Doy gracias sinceramente a Dios una y otra vez porque creo en el Evangelio del agua y el Espíritu. Hermanos cristianos, ¿creen en el Evangelio del agua y el Espíritu? —Sí—. Espero que todos ustedes sean aquellos que creen verdaderamente en el verdadero Evangelio al recibir la Navidad. ¡Aleluya!

 

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